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El examen de ingreso al "Monse" y al Belgrano, un clásico cordobés

La preferencia por los secundarios de la UNC sigue siendo abrumadora. El Monserrat ya le saca mucha ventaja al Belgrano en cantidad de aspirantes.

15 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (especial)
El examen de ingreso al "Monse" y al Belgrano, un clásico cordobés

Ayer, Córdoba revivió uno de sus "clásicos" más entrañables. A media mañana, chicos de ambos sexos, de 10 u 11 años, iban ganando la calle, donde eran recibidos con vítores y aplausos. Las caritas arreboladas daban muestra del esfuerzo realizado. No se trataba de deportistas ni de ganadores de algún sorteo, sino de aspirantes al Colegio Nacional de Monserrat, y a la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano. Acababan de rendir el examen de ingreso, y recién este viernes y el próximo lunes sabrán los resultados. Qué nervios. Pocas ciudades ofrecen un espectáculo tan reconfortante, cada mediado de diciembre. Por algo a ésta se la conoce como "la Docta". Al cabo de un año en que la escuela volvió a ser cuestionada, 1.642 familias renovaron su fe y preferencia por la educación pública: 990 aspirantes se presentaron a rendir en el "Monse", y 652 en el Manuel Belgrano. Sólo entrarán 240 y 260, respectivamente. De ahí que la mayoría se haya pasado varios meses preparándose para el examen de la víspera. Insuperables. A pesar de las dificultades, ningún secundario privado de Córdoba logra siquiera acercarse a la demanda que reciben ambos establecimientos de la UNC. Un espectáculo como el de ayer sólo se vive en la peatonal de Obispo Trejo, o en las cercanías del Clínicas, donde el tránsito se embotelló durante horas. La opción por estos colegios, ambos gratuitos y uno de doble jornada (el Manuel Belgrano), tiene mucho que ver con lo económico. Pero dista de ser la única razón. "Todo lo que puedo ofrecerle a mi hijo es educación", reflexiona Claudia, de barrio Ducasse. El nene, Cristian (10), cursó la primaria en la escuela Ejército de los Andes, de barrio San Martín. Los ingresos de la joven madre son "limitados". Aun así, está convencida de que "la calidad educativa del 'Monse'" es un posterior reaseguro "para la Universidad". Disciplina. Al igual que muchos padres que aguardaban expectantes en la esquina de Duarte Quirós, dicha mamá reconoció haberse inclinado por "el Monse" porque "no hacen tanto paro; tienen un sólido acompañamiento pedagógico y, cuando hubo toma de establecimientos, no se plegaron". Por su parte, un vocero de la institución de Alto Alberdi aseguró que se hallan "plenamente abocados a recuperar imagen". Por lo bajo, y aun por lo alto, admiten que huelgas y ocupaciones les trajeron "mala prensa". Como sea, el Manuel Belgrano conserva su público. "Mi hija se educó en un ámbito más libre, y en casa tenemos otro sentido de la disciplina", diferenciaba una mamá de barrio abierto y residencial. Su marido es un ex alumno y, aunque el Belgrano no sea "ni la sombra de lo que era", continúa como la mejor alternativa "en doble jornada, deportes y orientación". Prepararse. Acceder a estos establecimientos, uno de los cuales forma parte del riñón histórico y jesuítico de Córdoba, tiene una previa famosa: la preparación para rendir. Si bien creció la demanda por la asistencia que brinda la propia Universidad, la mayoría sigue acudiendo a "la particular". Un curso de tres meses cuesta entre 500 y 800 pesos. Si se hace a lo largo del año, "hay que calcular 250 pesos por mes", coinciden los padres. A diferencia de cualquier otra escuela, un hermano cursando en el "Monse" o en el Manuel Belgrano no influye en la selección. Esta se rige únicamente por el examen. Uno de cada dos inscriptos proviene de barrios y escuelas públicas y alejadas, algunas sumamente humildes. Ayer, los chicos del "Tabo" (Taborin) o del Santo Tomás eran los primeros en hacer el examen, pero también los menos. El panorama que ofrecía la peatonal es totalmente distinto al de unos 20 años atrás. En la actualidad se ve mucha chica (55 por ciento) y, sobre todo, mucho progenitor de aspecto humilde. Un buen motivo para pensar que las cosas no están tan mal.