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El "efecto contagio"

En Córdoba, el panorama es distinto al de Buenos Aires. Mariana Otero.

30 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
El "efecto contagio"

La toma de grandes escuelas en la ciudad de Córdoba podría inscribirse en una especie de "efecto contagio", sin por ello quitarle su sentido. Con causas y reacciones distintas, casi el único punto en común entre la movilización estudiantil cordobesa y la porteña radica en la necesidad de los chicos de ser escuchados. La cuestión es que no todas las protestas son iguales y que, para medirlas, hay que evaluar qué derechos propios se están afectando y si no vulneran los de otros.El déficit de espacios de debate y la falta (o la dilación) de respuestas suelen ser terreno fértil para que quienes se sienten al margen de las decisiones promuevan acciones directas.La toma de una treintena de colegios en la Capital Federal, en acciones que llegaron a durar hasta 40 días, tiene sus raíces en cuestiones concretas: los edificios están en mal estado, no es la primera vez que se producen tomas de escuelas (en 2005, durante el Gobierno de Aníbal Ibarra, hubo algunas), en cinco años no se arreglaron los colegios y se destina una mínima parte del Presupuesto a infraestructura. Además, antes de las tomas hubo abrazos a las instituciones porteñas y manifestaciones.En Córdoba, el panorama es distinto. Si bien es cierto que los colegios necesitan arreglos, en la mayoría hay planes u obras en ejecución (y la situación es sustancialmente mejor que hace dos años). Las tomas de escuelas que ocurren en la ciudad de Córdoba suelen ser focalizadas y aisladas. El único colegio que se "abrazó" fue el Carbó, hace unos meses. En principio, no es que no haya motivos. La cuestión es si ésta es la mejor manera de protestar. ¿Por qué los pibes se deciden por una toma? Argumentan que se incumple su derecho a participar del debate de la Ley Provincial de Educación y se viola su derecho a estudiar en un ámbito digno. Y que los reclamos formales no son atendidos. Los chicos tienen la certeza de que los caminos formales no tienen impacto mediático. El problema es que la toma de una escuela genera algún tipo de violencia y pone en conflicto al menos dos derechos: a educarse y a reclamar.La buena noticia es que a los adolescentes no todo les da igual y, pese a las sospechas de una movida fogoneada por partidos políticos de izquierda o sectores gremiales disidentes, es legítimo reclamar. Pero para construir democracia, no queda otra que alentar la participación responsable y con sentido, por canales institucionalizados.