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El conductor es el lobo del hombre

La conducta de los seres humanos mientras manejan un vehículo es digna de un tratado de psicología. Al margen de que algunos conductores, a juzgar por lo que hacen al volante, merecerían con urgencia algún tipo de tratamiento.

16 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
El conductor es el lobo del hombre

La conducta de los seres humanos mientras manejan un vehículo es digna de un tratado de psicología. Al margen de que algunos conductores, a juzgar por lo que hacen al volante, merecerían con urgencia algún tipo de tratamiento. Basta con pararse en cualquier esquina más o menos transitada de la ciudad de Córdoba para comprobar que manejamos como monos con navaja. Esto dicho con respeto hacia esos animales que, de seguro, aun en esa circunstancia harían mucho menos daño que un conductor desaprensivo.A no quejarse: este es uno de los capítulos que, por más protestas y reclamos al municipio que haya, es imposible de controlar en toda su magnitud.Es cierto que podría haber más inspectores, o más inspectores activos, si se tiene en cuenta la planta de más de 10 mil empleados que posee la Municipalidad. Pero hay hábitos que sobrepasan cualquier intento de control.Somos especialistas en estacionar en doble fila o en estacionar a ambos lados de una cuadra de mano simple; a veces, incluso con cobro por parte de naranjitas. Nos volvimos expertos en colocar el auto justo en las paradas de ómnibus, o en transitar por carriles selectivos. Sin contar a los que estacionan en sendas peatonales, frente a rampas para discapacitados o en medio de espacios verdes.Es cierto que varias de estas infracciones podrían estar más bajo la lupa de los inspectores, que se cansarían de multar gente. Sería como salir a cazar moscas en una avícola.Sin embargo, por más ordenamiento vehicular que se intente, por más leyes que se sancionen, por más medidas que se tomen para mitigar el caos de tránsito, nada tendrá efecto si todo el mundo continúa manejando como lo hace.¡Ah! Encima nos quejamos cuando se eleva el monto de las multas por pagar por pasar un semáforo en rojo o hacer picadas.Puede que no sea un comportamiento propio de los cordobeses, sino parte de un instinto salvaje más extendido, que por alguna razón se materializa cuando nos sentamos frente al volante. El informe que publicamos en páginas 4 y 6 es apenas una porción del problema. Refleja en parte la falta de control municipal, pero también nuestra miserias y contradicciones, puestas nada más que al servicio propio.