De papeles a resultados
El 80 por ciento de los estudiantes de escuelas públicas adeuda asignaturas cada fin de año y la mayoría de los repetidores son chicos de segundo año. Mariana Otero.
"S i no hacemos algo, nada cambiará", pensaba en voz alta el director de un colegio público, poco convencido de los cambios en marcha pero seguro de que el fracaso en el secundario es una bomba de tiempo en una sociedad que desea progresar. Sus dichos se suman a la marea de opiniones que siempre generan las modificaciones de planes de estudio en las escuelas. Los ánimos fluctúan entre el malestar, la desconfianza y el malhumor de sentirse al margen de las transformaciones. Motivos sobran. Todos recuerdan los cambios que quedaron sólo en papeles, los que no pudieron aplicarse y aquellos que jamás fueron evaluados.Como era de esperar, las transformaciones anunciadas en el Ciclo Orientado también están generando apasionados debates en las escuelas. Hoy, las hay entusiasmadas porque, al fin, pasarán de 21 a 13 materias. Las hay descreídas, convencidas de que los planes de estudio son diseñados por burócratas en sus escritorios. Las hay dispuestas, pero desorientadas y críticas.Todas conocen el vergonzoso diagnóstico sobre el secundario. Por eso hay consenso en que hay que cambiar para mejorar.La cuestión es cuál es el mejor camino para enderezar un nivel del que egresan pocos, en relación con los que ingresan, y que tiene una imagen devaluada en la opinión pública que, en su gran mayoría, cree que funciona entre regular y muy mal.Las estadísticas lo confirman: siete de cada 10 alumnos se llevan entre tres y 13 materias cada año (más de 191 mil chicos), sólo un 33 por ciento las aprueba en diciembre, unos 30.600 adolescentes repiten de año y 51 por ciento de quienes comienzan primer año no termina el secundario en los seis años previstos.El 80 por ciento de los estudiantes de escuelas públicas adeuda asignaturas cada fin de año y la mayoría de los repetidores son chicos de segundo año.La tendencia se mantiene año tras año y, aunque el Ministerio de Educación de la Provincia no quiso revelar antes de las elecciones la cifra de repetidores, se estima que no ha variado demasiado.Por eso hay consenso en el cambio, pero los docentes piden pautas claras, continuidad, incentivos y menos burocracia para que, en pocos años, la transformación en papeles se traduzca en resultados.
