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Las universidades populares y el empleo

El español José Gurría Gascón defiende a las instituciones de educación informal que llegan a los sectores más desfavorecidos.

19 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Las universidades populares y el empleo

Las universidades populares se instalaron en el mundo para promover la cultura y el conocimiento en los sectores más desprotegidos. En España se han convertido en el motor de muchos pueblos y regiones, bajo el concepto de la enseñanza libre y cooperativa. Estas instituciones no tradicionales que brindan educación informal "a la carta", según la necesidad de cada pueblo, se multiplican en Europa. En Argentina hay algunas experiencias en Rosario, Buenos Aires y Catamarca. El español José Gurría Gascón, doctor en Geografía y profesor en la Universidad de Extremadura, explica que las universidades populares nacieron a principios del siglo 20 por iniciativas sociales de izquierda, de gobiernos socialistas, organizaciones sindicales y partidos obreros bajo la idea de educación para todos. Hoy, dice Gurría, "no tienen ningún color ideológico". En Extremadura, una región de 1,3 millones de habitantes, el 60 por ciento de los municipios cuenta con una universidad popular.Invitado por el Consejo para la Planificación Estratégica de Córdoba (Copec), Gurría disertó en Córdoba y dialogó con La Voz del Interior . –¿Qué tipo de estudiantes atrae? –No necesariamente estudiantes. Trabajan con segmentos sociales, con los niños, los jóvenes, los discapacitados, la tercera edad. Y lo hacen de manera muy local. No hay una fórmula para todos, pero las universidades están comunicadas en red en una Federación que coordina las actividades. –No es educación terciaria... –No son fórmulas regladas. Esa es la diferencia con la universidad convencional, con la que no hay recelos ni celos. Aunque surgió como un complemento o extensión cultural de la Universidad, la popular puede llegar a todos los pueblos. –¿Cómo trabajan? –En distintos campos, no tanto en la formación convencional sino en la formación ocupacional. No choca con la Universidad convencional sino que es un complemento para llevar hasta los últimos rincones, hasta el último pueblito por más pequeño que sea. Se trabaja con distintos segmentos sociales, con excluidos o posibles excluidos sociales, inmigrantes. El funcionamiento es detectar las necesidades sociales, los problemas que tiene un municipio, que no son iguales en todos. Por eso cada una se adapta a la exigencia, idiosincrasia y característica de cada municipio. Son universidades a la carta. Se van rotando experiencias. –¿Cómo y quiénes enseñan? –Trabajan en la recuperación y puesta en valor del patrimonio y de la cultura en general. Son personas que tienen el conocimiento secular, tradicional que se está perdiendo. Hacen encuentros intergeneracionales o enseñan oficios que se están perdiendo. –¿De dónde sale el presupuesto? –De la Unión Europea, que tiene programas de trabajo social para personas en peligro de exclusión, del Gobierno nacional, del local, de bancos, de empresas. Crear una universidad popular no tiene más misterio que tener a una persona con una computadora conectada en red a las otras universidades populares y a una Federación. Inicialmente se puede hacer sin costo. –Pero se necesita diseño, planificación... –Sí, hay que detectar las necesidades sociales y culturales para diseñar una estrategia, un plan de acción y actividades, y luego se hace una autoevaluación para incrementar la eficacia. Se retroalimentan todas entre sí y es la demanda social la que marca la evolución. –¿Tienen sedes? –Si vas a capacitar en un oficio, necesitas práctica. Si es albañilería, te vas a una obra; si es carpintería, orfebrería, te vas al taller. No se necesitan locales. Para la alfabetización tecnológica utilizan las mismas aulas del primario y secundario después de clases. Entra todo el mundo, abuelos con 80 años que no vieron computadoras. –¿Se invita a participar? –Si la demanda no parte de ellos, un animador sociocultural tiene que provocarla para comenzar.