Las bibliotecas populares resisten en el interior
En distintas localidades se está incrementando la asistencia de gente a esos centros culturales, pese a que se temía que Internet cambiara los hábitos de lectura.
Santa Rosa de Calamuchita. Los agoreros que predecían que las bibliotecas en poco tiempo se convertirían en reductos vacíos y sin sentido por el avance de las tecnologías digitales sobre el papel, al menos por ahora deberán admitir su errado vaticinio.
En varias localidades del interior provincial no sólo que las bibliotecas públicas y populares resisten, sino que en más de un caso la asistencia de público se incrementó en los últimos tiempos. A la vez, se siguen abriendo nuevos espacios. En realidad, en lugar de ser una especie en extinción, parecen estar en plena expansión.
De hecho, las bibliotecas debieron adaptarse a las nuevas herramientas como Internet e incorporarlas entre sus servicios. A su vez, en poblaciones medianas y pequeñas, se afianzan como espacios culturales, donde se realizan debates y cursos, entre otras actividades, sin dejar de lado la función primigenia, la de servir de consulta de libros.
Para muestra valen algunos botones, por ejemplo, en Calamuchita. En Villa Yacanto, un pueblo serrano de dos mil habitantes, se formó meses atrás la primera biblioteca popular (ya existía una municipal).
"Mulla Huasi" aguarda obtener ahora la personería jurídica para poder lograr subsidios de la Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares), pero eso no le impidió comenzar a funcionar, recibiendo a muchos estudiantes que realizan sus tareas y a personas que asisten a los cursos de capacitación que dicta la biblioteca.
"Es, más que nada, un punto de encuentro y responde a la necesidad de lograr un espacio cultural en la localidad y fomentar la lectura, entre otros objetivos", señaló Natalia Korosec, una de las impulsoras. En esta primera etapa, aún reciben donaciones de libros y mobiliario.
También se inauguró, un par de años atrás, una biblioteca en la pequeña comuna de Villa Amancay, de apenas 600 habitantes.
Mientras, con medio siglo de trayectoria y consolidada como espacio de lectura y como centro cultural, la Biblioteca Popular Almafuerte, de Santa Rosa de Calamuchita, sigue su marcha. Según su presidenta, María Eugenia Diviú, entre 30 y 50 personas hacen uso de sus servicios por día. La institución consolidó en los últimos tiempos un trabajo integrado con el municipio, escuelas y otras instituciones, que le permitió sumar actividades y desarrollarse más. Aunque siempre luchando por sostenerse, porque las cuotas de los vecinos asociados, los escasos subsidios y las ayudas no terminan de alcanzar para afrontar los gastos, estas entidades sin fines de lucro ocupan un lugar trascendente en la movida cultural de muchas localidades.
"Ingresan de 40 a 60 personas cada día, entre niños, jóvenes y adultos y tenemos 220 socios activos", apuntó Marianela Suárez, bibliotecaria de la "Ricardo Rojas", de Villa Rumipal. "Los cursos y las actividades hace que la gente se acerque. La tecnología tiene que estar insertada, es importante aggiornarse, ayudar a los chicos a buscar información y que la corroboren con los libros, porque van de la mano", señaló. También suman actividades de animación de lectura, debates y cine en un trabajo en red con otras bibliotecas y universidades.
Con la crisis, más actividad. Por su experiencia, Suárez sostuvo que en época de crisis económica la gente se acerca más a las bibliotecas populares, y por ahí se aleja más en momentos de mayor estabilidad social. "En esas etapas decae la participación y tenemos que plantear estrategias para que se sume la gente", añadió. "En época de crisis viene más gente a la biblioteca, los libros están más caros", apuntó. La bibliotecaria contó que debieron hacer un replanteo en la entidad hace un año, cuando las conexiones de Internet se multiplicaron en las casas de familia del pueblo. "Sumamos otras actividades, invitamos a los chicos a leer y organizamos debates", recordó.

