Temas del día:

El kung fu logró mejorar la convivencia en Malvinas

Los alumnos de la escuela Valdivielso, que eligen esta disciplina, mejoran la conducta y el rendimiento escolar. El objetivo: cuidar la estabilidad física y emocional.

31 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
El kung fu logró mejorar la convivencia en Malvinas

La Escuela Héctor Valdivielso cerró el año con emociones y experiencias comunitarias. El colegio que los hermanos lasallanos tienen en Malvinas Argentinas es privado, pero gratuito. Es una especie de faro en esta localidad, pegada al límite este de la ciudad de Córdoba. Por allí transcurre parte de la vida de los pobladores. La Valdivielso es una marca de identidad. Una de las últimas actividades del año fue el cierre de los talleres de kung fu Shaolin Chuan (tradicional), que se abrieron como un espacio de educación para la convivencia. Daniel Venguiarrutti es el instructor de la disciplina, quinto tuan, y discípulo de Lin Ching Sung. "Se han notado cambios en la escuela. Chicos que no tenían la conducta de estudiar, hoy lo hacen. Están obligados a tener memoria para acordarse lo que se les enseña y eso se traslada a la escuela", explica el instructor.El hermano Patricio Bolton, asesor pedagógico de la escuela, asegura que el kung fu ayuda a los niños y adolescentes a incorporar nociones de regla, de comportamiento, de respeto. "Este taller es un espacio de valoración del límite como un elemento necesario e indispensable para el propio crecimiento en un marco de convivencia democrática", dice Bolton."Mi hijo pasó de ser desordenado a ser muy ordenado. Además está más aplicado y responsable", contaba una mamá en una reunión de padres. "Se siente más grande mi hijo", agregó otro papá."Creemos que este espacio ayuda a vivir una experiencia del límite, del encuentro disciplinado y ordenado, de la ascesis, del sacrificio, del esfuerzo personal", añade Bolton.El kung fu ha logrado buenas cosas en la escuela. El taller convocó este año a unos 25 niños y adolescentes, en dos categorías (de 6 a 13 años y de 14 en adelante). La asistencia es opcional, pero –en este caso– no es gratuita. Los niños logran conectarse con su propio cuerpo y con el cuerpo del otro. De alguna manera, y sin quererlo, aprenden el cuidado y el respeto del cuerpo, lo valoran, lo cuidan. Es una forma de prevenir la violencia.La disciplina obliga a serenar, a pensar, a buscar distintas estrategias, a actuar con mesura y tranquilidad. "Ayuda a romper con la respuesta impulsiva y agresiva que muchas veces surge ante lo imprevisto y lo emergente", apunta Bolton.Los chicos aprenden a escuchar, a interpretar y a cumplir las consignas. La concentración y la precisión son elementos que se asimilan en el taller, pero que luego se transfieren a otros espacios de la vida. Además de desarrollar fuerza, flexibilidad y destreza, muchos ejercicios implican mirar a los ojos de los otros y, desde allí, interactuar, coordinar y comunicarse.