Denuncian hostigamientos contra una asociación que trabaja contra el abuso sexual infantil
La denuncia fue presentada por Silvia Piceda y su pareja, Sebastián Cuattromo, ambos fundadores de la “Asociación Civil Adultxs por los derechos de la infancia”, en provincia de Buenos Aires. Aseguran haber recibido “mensajes intimidatorios y hostigamientos”.
La asociación civil Adultxs por los derechos de la infancia, que trabaja contra el abuso sexual infantil, denunció este miércoles la “intimidación” y “hostigamiento” por parte de un grupo de personas que aseguran haber sido separadas de sus hijos por falsas acusaciones.
La denuncia fue presentada por Silvia Piceda y su pareja, Sebastián Cuattromo, ambos fundadores de la Asociación Civil Adultxs por los derechos de la infancia, quienes aseguraron haber recibido “mensajes intimidatorios y hostigamientos”, tras la aparición de carteles en su vivienda ubicada en una zona rural de quintas, en la localidad bonaerense de Abasto.
La pareja sospecha que pudo tratarse del progenitor de la hija de Piceda, quien está acusado de abuso. El hombre vive a pocas cuadras de su vivienda y según la pareja se maneja en el pueblo con “absoluta libertad”, por lo cual, sostienen que existe “un permiso social a los abusadores”.

Los mensajes
Cuattromo, víctima de abusos por parte de un religioso del Colegio Marianista, fue quien relató a Télam lo sucedido. ”Hace unos 10 días encontramos en el frente de la casa, un cartel que decía “Propiedad privada” junto a un número telefónico que no nos pertenecía”, contó.
”La reacción que tuvimos fue ir a realizar denuncia en la Comisaría Numero 7 de Abasto junto con la conjetura de que podría llegar a tratarse de un mensaje intimidatorio y de hostigamiento por parte del del progenitor de la joven, quien está denunciado por abuso”, precisó Cuattromo.Días después -continúa- el lunes 16 de agosto compartieron en las redes sociales de la asociación lo sucedido, y como respuesta el martes en la esquina de su propiedad y en cercanías de la misma se encontraron con nuevos carteles que decían: “No más hijos rehenes”.

