La costumbre del desconcierto
Cada vez que llueve, hay que hacerse varias preguntas: ¿Me arriesgo a sacar el auto? ¿Y si se para? ¿Y si choco? ¿Mejor llamo un taxi? Edgardo Litvinoff.
Oh, no. Llueve. ¿Salgo o no salgo de casa? ¿Cómo hago para volver del trabajo? ¿Me tendré que quedar hasta la madrugada? ¿Me arriesgo a sacar el auto? ¿Y si se arruina el motor? ¿Cómo hago para pasar por la Castro Barros sin alumbrado y sin semáforos? ¿Y si choco? ¿Si me chocan? ¿Si se me hunde el auto en el medio de la Cardeñosa? ¿Si se para el auto? ¿Mejor llamo un remise? ¿Cuántos minutos más intentaré seguir llamando sin que me atiendan? ¿Si salgo a buscar un taxi? ¿Y si no pasa ninguno? ¿Camino? ¿Y si me electrocuta un cable suelto? ¿Cómo hago para cruzar si no hay semáforos? ¿Pasarán los ómnibus del transporte urbano? ¿Y si no paran? ¿Me quedo en casa? ¿Entenderán en el trabajo si llego tarde? ¿Qué hago si no vuelve la luz enseguida? ¿Saco las cosas de la heladera para que no se arruinen? ¿A dónde las llevo? ¿Compro hielo para la conservadora? ¿A dónde lo compro? ¿Voy en taxi hasta la estación de servicio, si es que consigo taxi? ¿Tengo botas para lluvia? ¿Y antiparras? ¿A qué hora volverá la luz? ¿Volverá? Hábito. Lo peor del caos en el que se sumerge la ciudad de Córdoba después de cada lluvia más o menos nutrida, es que ese desconcierto nos sorprende cada vez menos. La fuerza del hábito hace que se tomen ciertas precauciones cuando el servicio meteorológico anuncia tormenta, pero la vida no se detiene y a veces el agua nos toma desprevenidos, en cualquier parte. En esos casos –como cuando hay que empujar un auto descompuesto en medio de un río surgido en la avenida Fuerza Aérea– la resignación no alcanza para impedir que perdamos los estribos. Es que hay cuestiones básicas que no se entienden: las calles que se inundan son casi siempre las mismas, pero encontrar un inspector de tránsito en esos momentos es una rareza.Pero no sólo se trata de falta de reacción: la actual situación es el fruto de una década de crecimiento urbano mal gestionado, según coinciden urbanistas y según pueden comprobar muchos vecinos.Ayer, todas las áreas trabajaban a destajo para limpiar calles, sacar ramas caídas y arreglar los cables.Todo sea para volver a la normalidad: lo semáforos seguirán intermitentes, la luz se cortará y el caos de tránsito continuará, pero ya no tendrá nada que ver la tormenta.

