Temas del día:

“Córdoba es divina: todo el mundo te besa y te abraza”

Eugenia representa con gestos lo que más le gustó de la Argentina al llegar: que la gente fuera afectuosa. “Córdoba es divina”.

15 de noviembre de 2014 a las 12:01 a. m.
“Córdoba es divina: todo el mundo te besa y te abraza”

“Vengo de Polonia. Llegué con mi marido en el año 1943, 44 por ahí. Mirá... ya hace tanto, tanto, que me olvido. Llegue en barco, desde Inglaterra (...) Estábamos ya libres de la guerra”, cuenta Eugenia. La fecha exacta de arribo fue 1948.

“¡Córdoba me parecía hermosa!”, repite. Le encantaba que la gente se besara al saludar. “En Polonia no es costumbre, menos en Rusia. Eso a mí me levanta el corazón. Allá se saluda como los hombres, con la mano, no con besos”, se ríe.

“Córdoba es divina, ¿no te parece? Yo no conocía aquí a nadie, todo para mí era ajeno. El idioma, menos. Aprendí ahora un poco, pero si querés hablo polaco”, ofrece, y dice “buenos días” y “cómo estas”, en su idioma de origen. “Es nada parecido con el de Argentina, pero yo quería aprender. Como encontré la gente tan amable, quería tener contacto”, cuenta.

Antes de emigrar, Eugenia y su marido Wiktor tenían referencias de la Argentina, un país que gozaba de buena fama en Europa. “Escuchamos que Argentina tiene buen clima y buena gente, amable”, asegura.

La Cruz Roja les había dado asilo en Inglaterra, algo de dinero y la posibilidad de viajar hacia América del Sur o a Estados Unidos. Escogieron la Argentina. Se instalaron en Buenos Aires y, luego, en Córdoba. Szmidt llegó primero a tantear el terreno, a principios del 48. En junio lo hizo Eugenia, con 23 años, y embarazada de su primer hijo, Wiktor Eduardo, que nació cuatro meses después.