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Cómo se pasa la noche dentro de un colegio tomado

La Voz del Interior estuvo desde las 23 del lunes hasta la mañana de ayer en la Escuela Jerónimo Luis de Cabrera. Los chicos están muy organizados.

06 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Cómo se pasa la noche dentro de un colegio tomado

Son las 23. La puerta de la Escuela Jerónimo Luis de Cabrera, ubicada en la calle Santa Rosa del centro de la ciudad de Córdoba, permanece con cadena y un candado. Del otro lado, un grupo de adolescentes juega al ajedrez a pocos metros de las escalinatas del centenario edificio, mientras otros chicos montan guardia. Desconfiados, miran al periodista de La Voz del Interior que viene con la propuesta de acompañarlos en la noche, en una de las tantas tomas que se suceden en institutos secundarios provinciales de Córdoba en reclamo de mejoras edilicias y en rechazo a la puesta en marcha de una nueva ley de educación. Luego de algunas consultas, el candado se abre y aparece Carlos, el presidente del Centro de Estudiantes.Carlos franquea el paso y tras la puerta de rejas están Graciela y Diego, padres de una alumna de cuarto año que participa de la toma. Amables, comentan que acompañan a su hija en el reclamo. El papá, con énfasis, defiende la actitud de los chicos. "Acá trajeron netbooks , pero los chicos no las pueden conectar porque se quedan sin luz", resume el hombre para ejemplificar los problemas del colegio. En el Jerónimo la madrugada del martes es mucho más relajada: ya no se viven las amenazas de desalojo que se dispararon el sábado pasado, cuando el fiscal Gustavo Sandoval ordenó a la Policía a desocupar los colegios.En la cocina, la profesora de Matemáticas prepara la cena: unos panchos que calmarán el hambre de una treintena de adolescentes. El clima es de total cordialidad y la organización casi perfecta: todos se respetan, nadie consume alcohol y cuidan las instalaciones, casi una obviedad ya que el reclamo principal es por los problemas edilicios.A medida que pasan las horas, algunos de los chicos se retiran a dormir a la sala de profesores que se convirtió en un campamento, con colchones y colchonetas inflables. Otros se quedan en la cocina sacándole chispas a una guitarra, o eligen un desafío en un metegol que quedó de los festejos por el Día del Estudiante.A las 4 suena el timbre. Desde el primer piso preguntan si alguien se golpeó, y les responden que lo pulsaron por error. Sucede que el timbre, ubicado en la cocina, funciona como una alarma que sólo se activaría en caso de emergencia y amenaza. La "amenaza" no es otra cosa que la llegada de la Policía para desalojarlos. Para eso tienen un plan: recluirse en una sala y cerrar con candado.Como en cualquier lugar donde hay chicos que pasan la noche, hay historias de fantasmas. La leyenda cuenta que en el "Jero" ronda un alma en pena. "Es de un estudiante que se había peleado con su novia, y vino al edificio, se puso a tocar el piano y se ahorcó", cuenta "Eli", de cuarto año. Se dice que el fantasma se aparece por las noches y que se siente sonar el piano en el salón de actos. Hay varios que aseguran que vivieron esa experiencia sobrenatural. "Una mañana, como a las 9, que es cuando empieza el recreo, se comenzó a escuchar un piano en el anfiteatro del colegio. El preceptor, pensando que era un alumno, fue al salón corriendo a ver quién lo tocaba, y apenas se abrió la puerta se dejó de escuchar, quedó mudo y no había nadie", afirma Gonzalo Nieto, un ex alumno que acompaña a los chicos en la toma.Para agrandar el mito, Gonzalo se puso una tela negra y corrió por la galería, pero nadie se asustó. "Pero, posta, se ven sombras", dice, lo que es confirmado por Kevin y Brian.Las anécdotas y la música sirven para que el tiempo pase, porque la noche en la escuela es interminable. "Si la toma fuera con la excusa de no tener clases, no estaríamos en la escuela", dice Brian, miembro del Centro de Estudiantes. Sale el sol. El "Jero" comienza a despertarse a las 5 en punto. A esa hora llega a la escuela el primer móvil radial. Los chicos que se quedaron toda la madrugada despiertos sacuden a Jonatan, del Centro de Estudiantes, que duerme acurrucado en un colchón tirado en la galería. Brian, alumno del Cassaffousth, toma la escoba y barre el ingreso del edificio. También despiertan a Carlos, cuyo celular no parará de sonar toda la mañana. Tiene que explicar a todas las radios el porqué de la toma, los motivos y el análisis de las propuestas acercadas por el Gobierno.A las 6.30 llegan las mujeres encargadas del mantenimiento de la escuela; unos minutos después, los profesores. Se suman otros chicos que vienen a relevar a los que pasaron la noche.El sol ya pega en el cielo cordobés. El viejo edificio de la calle Santa Rosa amanece con los carteles que dan cuenta de que se trata de un colegio tomado. Carlos sigue sentado en la puerta, con el celular en la mano explicando una y otra vez los motivos del reclamo a los medios de comunicación.