Viejos amigos. Un nuevo estudio revela que los perros ya convivían con los humanos hace más de 15 mil años
Un investigación publicada en la revista Nature retrasa miles de años el origen de la domesticación y muestra que los perros ya convivían, comían y compartían rituales con personas en el Paleolítico.
Un estudio publicado este miércoles en la revista Nature confirmó que los perros convivían con humanos hace al menos 15.800 años, unos 5 mil años antes de lo que indicaban las evidencias genéticas previas.
La investigación, liderada por William A. Marsh y Lachie Scarsbrook y supervisada por Greger Larson, Ian Barnes y Laurent Frantz, analizó ADN nuclear y mitocondrial de restos hallados en Pınarbaşı (actual Turquía) y en la cueva de Gough (Reino Unido).
A diferencia de estudios anteriores basados en la forma de los huesos, los datos genómicos permitieron identificar de manera concluyente que se trataba de perros y no de lobos.
El trabajo también muestra que estos animales ya estaban ampliamente distribuidos por Eurasia occidental durante el Paleolítico Superior tardío, desde el actual Reino Unido hasta Anatolia (parte asiática de la actual Turquía).
Una relación cercana, simbólica y cotidiana
Los resultados indican que el vínculo entre humanos y perros era mucho más profundo que una simple relación utilitaria.
En la cueva de Gough, los restos de perros presentan modificaciones similares a las encontradas en restos humanos, lo que sugiere prácticas culturales compartidas. En Pınarbaşı, incluso, se hallaron cachorros enterrados en las mismas áreas que las personas.
Además, los análisis isotópicos revelaron que humanos y perros compartían una dieta similar, lo que evidencia una convivencia estrecha. En algunos casos, incluso, hay indicios de que los humanos alimentaban activamente a los animales.
Otro hallazgo clave es el caso de un perro encontrado en Bonn-Oberkassel (Alemania), que presentaba enfermedades que solo habrían podido ser superadas con cuidados humanos prolongados, lo que refuerza la idea de un vínculo afectivo.
Migraciones, intercambio y un “muro” genético
El estudio sugiere que la expansión de los perros estuvo ligada a los movimientos de poblaciones de cazadores-recolectores hace unos 16 mil años.
Sin embargo, uno de los datos más llamativos es que perros genéticamente similares fueron encontrados en grupos humanos distintos entre sí, como los magdalenienses y epigravetienses. Esto indica que los perros eran intercambiados entre culturas, incluso sin una mezcla directa entre las poblaciones humanas.
A nivel biológico, los investigadores detectaron que estos perros ya estaban aislados reproductivamente de los lobos hace unos 15 mil años. A diferencia de otros animales domesticados, como cerdos o vacas, los perros establecieron una separación genética temprana y sostenida.
Un legado que llega hasta hoy
El trabajo también concluye que la base genética de los perros actuales se formó hace al menos 10.900 años, cuando los linajes de Eurasia occidental se mezclaron con otros provenientes de Eurasia oriental.
Esa combinación dio origen a la diversidad genética que aún persiste en las razas modernas.
En conjunto, el estudio no solo retrasa el origen de la domesticación del perro, sino que redefine su rol en la historia humana: no como una herramienta, sino como un compañero integral de las comunidades prehistóricas, presente en su vida cotidiana, sus desplazamientos y hasta en sus rituales.




