Chicas de rojo para el rey
“Gracias por este privilegio de regresar a estas tierras”, dice Luis Miguel, después de tres canciones y la primera ola de gritos
"Gracias por este privilegio de regresar a estas tierras", dice Luis Miguel, después de tres canciones y la primera ola de gritos. Y sigue hablando un rato más, pero es imposible escucharlo. Los decibeles en pista y tribunas superan por mucho el volumen de cualquier micrófono y la euforia le gana al interés de recibir el mensaje. El ídolo se ha manifestado, lo demás son apenas datos. Verlo parece ser suficiente para ellas y durante gran parte del show resignarán butacas para balancearse al compás de las canciones. Brazos en alto, globos y celulares en alto, todo lo que se pueda hacer para acercar más el cuerpo al centro de ese universo que se fabrican a medida del show. Las hay de todos los tamaños, edades y orígenes. Las fans llegan de generaciones varias y se saben las canciones desde el primero al último disco. Cuando el concierto llega al tramo más retro, ese en el que hay permiso para desbordarse al grito de ¡Decídete!, cuando se sintonicen los 30 años que pasaron desde que su cara de ojos verdes empezó a aparecer en las tapas de los discos más vendidos de la historia de la música latina, Luis Miguel se vuelve inmenso, salta como un chico, empieza a divertirse con lo que ha sido y todos nos acordamos de que lo vimos crecer haciendo exactamente eso: jugar con las canciones y deslumbrarnos con la voz. Chicas de rojo lo despiden y vuelven a sus casas un poco más felices. Muchas de ellas, la mayoría, empiezan a esperarlo de nuevo.

