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Bariloche ante una de sus peores temporadas por las cenizas

El principal centro turístico del sur cordillerano ya había sufrido mermas en el invierno pasado por temor de la gripe A. Además, en el verano, hubo dificultades por la amenaza de Hantavirus.

23 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Fernando Agüero
Bariloche ante una de sus peores temporadas por las cenizas

Enviado especial a San Carlos de Bariloche

Una de las peores temporadas de su historia. Así la define, sin muchas vueltas, la mayoría de los habitantes de Bariloche, la principal ciudad turística del sur cordillerano. La lluvia de cenizas del volcán chileno Puyehue, de junio pasado, sepultó también las expectativas de los que viven del turismo en este paraíso. El invierno pasado, la psicosis por la gripe A provocó una merma en el movimiento, y en el verano último la amenaza de las ratas por Hantavirus fue otro tiro de gracia. "No pegamos una", dicen varios por acá, mientras esperan tiempos de revancha. La última semana de agosto encuentra a Bariloche con la nieve ideal para recibir al turismo de todo el país y del exterior. Pero no hay gente: la ciudad está al 20 por ciento de su capacidad de alojamiento, aun con precios muy promocionales. Estos meses de invierno son la temporada alta en esta región. La ciudad suele estar repleta de turistas sudamericanos y europeos, además de los nacionales de buen poder adquisitivo atraídos por los centros esquí. Pero las cenizas y el cierre del aeropuerto les arrebató unas 80 mil reservas que tenían previstas, antes de que el volcán hiciera lo suyo. Benjamín es electricista de obra y casi siempre tuvo trabajo en una ciudad donde la construcción va a la par del turismo. "Estoy pensando en irme a Neuquén, porque cuando llegue el verano esto va a ponerse muy difícil", dice. Para colmo, en los medios locales ya hay noticias de una gran "ratada" cerca de la ciudad: miles de ratas aparecieron en lagos cercanos y en el Parque Nacional Nahuel Huapi esperan que lleguen a Bariloche en septiembre.El cerro Catedral, ícono del turismo de nieve en este lugar, no se ve vacío. Hay muchos contingentes de estudiantes, que son los que están salvando la temporada, y algunos brasileños, colombianos y europeos. Pero muchos menos de que suele esperarse. Manuel Pellejero está en la base del cerro con su perro San Bernardo y ofrece la clásica foto de recuerdo. "No es una buena temporada y ya casi terminó. Tenemos buena nieve, pero no turistas", dijo. "Estamos al 20 por ciento y el problema va a venir después: cómo llegamos al próximo invierno".Aquí, al revés de otros destinos turísticos como Carlos Paz o la costa atlántica, la frase es "cómo pasar el verano". Porque la temporada fuerte, en la que se hace la diferencia, es en invierno. En el centro. A metros del Centro Cívico, el restorán La Esquina promociona su menú con carteles que hablan de una "Promoyehue", en alusión al volcán. "Caen cenizas en Bariloche y caen los precios", dice otro cartel estampado en la vidriera, como para seducir a los indecisos.Guillermo Pontín es su dueño y asegura que, como hay pocos turistas, debe ingeniárselas para tener ventas. "Estamos poniendo el hombro y bajamos los precios. La idea es acompañar con precios para tener algún movimiento", señaló. Además, precisó: "Los brasileños este año casi han desaparecido, seguramente han tenido otras opciones".Casi todas las vidrieras del centro ofrecen descuentos de hasta el 30 por ciento en sus productos. Comer en Bariloche puede costar 35 pesos con bebida y se venden remeras de a pares, con inscripciones del lugar, por sólo 40 pesos.Raúl Flores alquila equipamiento para la nieve y también se vio afectado por el fenómeno natural. "Bariloche viene castigado hace varios años. Esta temporada ha sido muy mala; perdimos un 70 por ciento", resumió.El Centro Cívico, clásica postal de la ciudad, parece un desierto, en una época del año que suele estar repleta de gente comiendo chocolates. Las autoridades locales no hablan con la prensa que no sea de Bariloche: el fin es evitar que se difunda esa imagen de escaso movimiento. Sin embargo, para muchos, que la ciudad esté sin tanta gente y con precios más que promocionales puede resultar una atracción.