E-53: autovía y tránsito urbano, una convivencia a menudo trágica
Los carteles de la E-53 indican máxima 80, y al llegar a las rotondas marcan los 40 kilómetros como límite máximo. Son ignorados en forma sistemática hasta por los móviles de la Policía Caminera: quien sube a la autovía se siente en una autopista, pese a que las distancias son enormes.
Esa diferencia es justamente la convivencia con el tránsito urbano.
El acceso a Villa Silvina donde este viernes murieron una mamá y su hija adolescente es peligro en extremo: se juntan las pendientes, las curvas, la alta velocidad del tránsito pasante y la realidad pueblerina de gente a caballo, ciclistas, una sobrepoblación de motos que casi nadie tiene en cuenta y los camiones cargados de piedra que complican aún más esa convivencia ya dificultosa.
Ese punto, además, ni siquiera cuenta con una rotonda. Es apenas una isleta que hace de retorno a la autovía. Subir a la E53 desde el camino a Villa Silvina implica siempre maniobras de altísimo riesgo. Todo se complica más por la velocidad de autopista que los conductores le dan a esa autovía que en Salsipuedes se convierte en avenida céntrica.

