Muéstrame tu basura y te diré quién eres
El Estado debe asumir su rol de contralor, creando incentivos y sanciones.
Lamentablemente, en nuestro país podemos registrar un sinnúmero de ejemplos de irresponsabilidad en el consumo material exagerado, como también en el descarte irresponsable de residuos sólidos.
Los basurales y muchos espacios públicos desbordan de una infinidad de botellas descartables, plásticos, cartones, metales, vidrios, pañales, diarios, revistas, bolsas de plástico, textiles, cubiertas, comida descompuesta, escombros, restos de electrodomésticos, residuos peligrosos y tantos otros elementos desechados de la más variada naturaleza.
Mientras muchas ciudades del mundo ya están encaminadas hacia la total eliminación de la basura (la política de basura cero), nuestros basurales parecen crecer sin fin.
¿Por qué somos tan sucios e irresponsables?
Todos queremos consumir más pero pocos nos responsabilizamos por la basura que generamos. Ni siquiera pensamos en ella. La basura es algo que dejamos en la puerta de casa o en un receptáculo en la vía pública (cuando no la arrojamos a la calle).
No nos preocupamos por dónde van los desechos ni qué se hace con ellos. Tampoco el Estado persigue al contaminador (ni lo hacemos nosotros).
Esto debe cambiar. Y todos, incluido el Estado, debemos ser protagonistas de ese cambio. En primer lugar, hay que concientizar a las personas sobre la generación de la basura y la implicancia que ello tiene para los individuos, para las comunidades y para las sociedades en general.
Por otro lado, el Estado debe asumir su rol de contralor del contaminador, creando incentivos para la no contaminación y desincentivos fuertes (multas y encarcelamiento) para los infractores, tanto individuos como empresas.
El pilar básico está en la educación. El individuo y grupos de personas en aulas, en centros vecinales, en comercios, en el lugar de empleo o en otros espacios públicos, deben ser educados y convertidos en protagonistas de la solución. Deben aprender y ser partícipes de un consumo responsable, así como en la disposición y recuperación eficiente de residuos, incluyendo, por ejemplo, la separación en origen.
La responsabilidad del manejo de los residuos sólidos urbanos es de todos y empieza en cada uno de nosotros.

