Temas del día:

El almacén de los Zorat

En verano, como vendían helados Laponia, te atendían a la 1 de la mañana si les golpeabas la puerta. Los domingos, como tenían pollo al espiedo, no cerraban hasta las 12 de la noche. Jorge Londero.

12 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
El almacén de los Zorat

Emilia Yaccuzzi y Atilio Zorat llegaron a Cofico con una mano atrás y otra adelante. No estaban solos; tenían que alimentar y educar a sus ocho hijos. La vida no les había sido fácil. Él, con 50 años; ella con 44, habían perdido su fuente de ingresos en Villa Ocampo, en el norte de la provincia de Santa Fe, y tenían que empezar de nuevo. Sin desmayos, lo hicieron. El 1° de marzo de 1973, hace casi 40 años, fundaron lo que se convertiría en uno de los almacenes más exitosos de la ciudad, el que hoy aún funciona a pleno y luce tal como era hace cuatro décadas, en la esquina de Lavalleja y Campillo.Ubicado a sólo media cuadra de mi casa, ese fue el primer negocio al que me dejaron ir solo. Y llegué a visitarlo hasta cinco o seis veces por día. Es que por entonces no se acostumbraba tener heladeras gigantes ni despensas en la casa. Si se terminaba el azúcar, corríamos a la esquina, y listo.Los Zorat empezaron su comercio con muy poco. Como no tenían dinero para adquirir piezas enteras de fiambres, compraban trozos o mitades en el Mercado Norte, a unas 20 cuadras, y lo traían caminando. Era tan poco lo que ganaban al principio que a la mañana tenían que pedirle dinero prestado a una vecina, doña Guerrero, a quien le devolvían por las noches, sólo para tener que pedirle de nuevo a la mañana. Pero, honestos, trabajadores y prolijos con las cuentas, en pocos meses lograron hacerse de un buen stock de mercadería y convertirse en los favoritos del sector. La clave de su éxito fue el amplio horario de atención. Como vivían en la casa que estaba pegada al local del almacén, abrían a las 6.30 de la mañana, cuando llegaba el lechero, y cerraban a las 12 de la noche, sin cortar a la siesta. En verano, como vendían helados Laponia, se quedaban hasta más tarde, o te atendían a la 1 de la mañana si les golpeabas la puerta. Los domingos, como tenían pollo al espiedo, abrían a las 7 para ponerlos a cocinar, y no cerraban hasta las 12 de la noche.Por esos tiempos un almacén no podía tener esa amplitud de horarios, porque la atención estaba regulada. Ante ello, sacaron permiso municipal como rotisería, y eso los habilitó para dejar abierto a la siesta.Por lo general, doña Emilia estaba siempre detrás del mostrador, don Atilio se ocupaba más de las compras y la logística y los hijos más grandes ayudaban a atender.Todavía recuerdo cuando el negocio se llenaba de clientes, lo que era muy frecuente, y doña Emilia abría la puerta y gritaba: "¡Gente!". Enseguida venía alguno de sus hijos para ayudarla: podían ser Cuqui o Alicia, las dos hermanas mayores; el flaco Raúl, a quien le decían Pantera; Leti u Osvaldo, a quien le decían Canario; o el Bichi, de quien me enteré hace poco que se llama Guido. Los dos más chiquitos, el Toti, de mi edad, y Carina, la más pequeña de la familia, solían aparecer por el negocio sólo para buscar algún caramelo. Hoy son los que siguen con el negocio.Emilia tiene hoy 84 años, y Atilio 90. Ya no atienden más, cumplieron 61 años de casados y viven aún en barrio Cofico. El almacén que fundaron sigue allí, como siempre, para que nostálgicos como yo podamos aspirar, de vez en cuando, un poco de buenos recuerdos.