Al ritmo de la cumbia volante
En algunos barrios, parte del folklore consiste en sentarse en las veredas, abrir las puertas de los autos y ofrecer a la vecindad una muestra gratis de expansión acústica, a todo volumen. Edgardo Litvinoff.
"Porque a ella le gusta la joda / ella está con uno / ella está con otro / quiere estar conmigo y con ninguno se queda", sonaba en los bafles del Torino estacionado en mitad de cuadra. A quienes viven en el centro, o en un departamento, les resultará difícil entender parte del folklore de los barrios, una de cuyas manifestaciones consiste en sentarse en las veredas, abrir las puertas de los autos y ofrecer a la vecindad una muestra gratis de expansión acústica. El volumen alto es un elemento ineludible en esta práctica, sin el cual la exhibición de poderío de vatios no tendría sentido.Las quejas son frecuentes, ya que la definición de "ruidos molestos" nunca es suficientemente clara en la ordenanza. Ni hablar entre los vecinos: lo que para uno es una caricia a los oídos, para el otro será la prueba de que ciertas especies tienen un sistema auditivo en involución.En cuanto a los géneros musicales, es difícil que los reclamos vengan por el lado de la música clásica.De todos modos, no se trata del tipo de casos que se atienden en Mediación Comunitaria de la Municipalidad de Córdoba (teléfono 0351-434-1610), ya que la mayoría de los problemas por ruidos molestos involucra a viviendas contiguas. Pero también suelen llegar a esta instancia. Y como se hace difícil llegar a un acuerdo por otra forma que no sea el diálogo, muchos aceptan con resignación esta costumbre y se conforman con que, al menos, el auto no emita decibeles en bruto a la hora de la siesta, o después de cenar, o antes de las 8 de la mañana.Es curioso, pero algunos parecen disfrutar más de la consecuencia social que sus equipos provocan en el ritmo barrial, que la música misma.Este exhibicionismo suele ser coherente con las personalidades de los propietarios del auto en cuestión: a menor capacidad de razonamiento, equipos de audio más sofisticados. A mayor grado de engreimiento, mayor volumen utilizado.Todo sería una anécdota si no fuera por casos como los de Mariana, una habitante de un barrio de Carlos Paz que un buen día escuchó a su hijo de ocho años cantando: "Muchachos, borracho vengo / y mírenme qué pedo tengo / muchachos, borracho vengo / y mírenme que pedo tengo".Decidió entonces hablar con su vecino cumbiero.Mucha bolilla no le dio. Pero al menos acordaron que los temas más "pesados" del género se pondrán en horario de clase, cuando los chicos están en la escuela. Y que cuando ellos lleguen, sonarán otras canciones para cultivarse. Pero no esas.

