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19 años de salpicaduras

Tdo lo que arrastra en el camino, va a parar a una extraña cavidad moldeada a través de los años sobre el asfalto de la calle Martín García al 1200. Edgardo Litvinoff.

22 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
19 años de salpicaduras

El agua de lluvia. Las cloacas. Los líquidos que despide la basura. El menjunje jabonoso de los autos lavados. El desagote de las piletas de lona. Los restos de las manguereadas de las vecinas que baldean sus veredas.

Todo, pero todo eso, más todo lo que arrastra en el camino, va a parar a una extraña cavidad moldeada a través de los años sobre el asfalto de la calle Martín García al 1200, donde termina una de las bajadas más transitadas hacia el norte de la ciudad de Córdoba. No es un pozo profundo, sino un hundimiento casi imperceptible pero suficientemente hondonado como para convertirse en un depósito de líquidos, durante todo el año.

La cavidad se ubica junto a la vereda de la familia Piovano, que hace al menos dos décadas sufre las salpicaduras de los autos y el consecuente deterioro del frente y las rejas de las ventanas, por no hablar de los olores que padecen. Al mismo tiempo, muchos transeúntes desprevenidos son empapados por los autos que pasan a gran velocidad.

La casa es una de las pocas en las que se puede ver un muro de un metro de altura erigido sobre el cordón de la vereda. Lo construyeron hace cinco años, cansados de pedir una solución. Cuando uno dice "cansados", debería consignarse el mérito a la paciencia: la familia Piovano presentó su primer reclamo al municipio en... !1991!

El jefe de la familia atesora cada una de esas presentaciones en una carpeta cuyas primeras hojas ya pintan de sepia.

El muro llegó tras otras alternativas que no sirvieron: un tacho sobre la calle, un lomo de burro improvisado... Pero lo único que provocaron fue la visita de los inspectores con la pretensión de poner multas por esos agregados fuera de ordenanza. Aunque los municipales suelen desistir al ver la reacción de don Piovano y la carpeta con decenas de reclamos.

Igual, la protección del muro no sirve de mucho: el frente está negro, el arbolito de la vereda es un arbusto raquítico, y las rejas destilan herrumbre.

Los Piovano tuvieron la mala suerte de vivir en un lugar del universo donde se puede demostrar con facilidad la curvatura del espacio-tiempo. Y, ya se sabe, el municipio no suele cuestionar las leyes de la física.