X preguntas a Roberto Videla
El actor y escritor protagoniza la segunda entrega de esta serie de entrevistas exclusivas de la web de Ciudad X.
Roberto Videla es actor, dramaturgo y director, referente ineludible de la escena teatral cordobesa. Pero también es escritor: ha publicado los libros Animales, Todos los caminos, Luisa, fruto extraño y Chispas, todos por el sello Babel, donde también publicará muy pronto Copacabana. Sergio Gaiteri nos recomendó que le hiciéramos las "X preguntas" y hacia él fuimos.
I. ¿Qué tienen en común actuar y escribir? Cuando empiezo a responder siento un ruido extraño, como de papeles sacudidos con violencia. Me levanto, voy a la sala. No veo nada. Vuelvo a escribir. Hay un nido en la baranda de mi balcón del cuarto piso, los veo por el ventanal. La pareja de torcazas - forman uniones de por vida- se alterna en cuidar los dos huevitos blancos. Hace una hora vi unos halcones revoloteando. Me asomé: chillidos, el nido ausente. Los espanté a esos asesinos, vi los huevos abandonados. Minutos después volví a mirar. Como el peligro había pasado ya una de las torcazas había vuelto y cubría los huevos. Me alegro. Me siento a responder sobre qué tienen en común actuar y escribir. Escucho el ruido de papeles de nuevo. Voy a ver. Son aletazos. La otra torcacita está en la sala, en el umbral que da al balcón. Agoniza en el suelo. Fue herida por los halcones. Tiene un solo agujero en el pecho, se ve que le clavan las garras, una garra, ahí. No es un final feliz. Tienen que darse turnos para cuidar los huevos, ahora no podrá, sola, la que está en el nido, que mira a su pareja que muere. Esas crías están condenadas a no nacer. Pienso en que no se me ocurren cuáles son las cosas en común entre escribir y actuar y que la diferencia, en cambio, es que esa verdad que de repente me invade ante la muerte, ese sudor repentino, esa tristeza dura, real, esa nada que me golpea, puedo escribirla. No puedo actuarla. Escribir y actuar se parecen cuando puedo ir abriendo el camino de lo que quiero expresar capa a capa, dejando aparecer el sentido y la emoción entrelazados. Es más fácil al escribir, uno puede demorarse y esperar. Al actuar todo resbala como arena entre los dedos. II. ¿Qué experiencia contemporánea te parece semejante a la del Libre Teatro Libre? Fra Noi, el grupo de teatro de Colonia Caroya, refleja lo que yo sentía al estar en el LTL y también al ver los espectáculos de ellos antes de ser parte: libertad, alegría, algo indefinible, deseos de dar vuelta al mundo, de ponerlo al revés. Esa búsqueda de plenitud, diversión, crueldad y verdad es la que siento y sentí al ver al Odin Teatret, a los actores de Jerzy Grotowsky, las obras de Pina Bausch, Peter Brook, Arianne Mnouchkine, los films sobre las obras de Brecht dirigidos por él mismo. Y, respecto al compromiso social del LTL y a nuestra responsabilidad como artistas ante el dolor y la injusticia, lo veo y siento ante las experiencias comunitarias de creación colectiva de tantos grupos realizadas con los sectores desprotegidos de la sociedad. Y en películas de cordobeses: Los labios, Yatasto. III. ¿Qué tiene que tener un texto para que te emocione? Tiene que estar escrito de un modo simple, coloquial, pero a la vez tiene que estar recorrido por corrientes oscuras. Tiene que transparentarse el alma del autor, no me importa si es autobiográfico sino que se sienta cómo se coloca ante sus seres, cómo deja adivinar su mirada y su posición ante las cosas. Me gustan los personajes impredecibles, cambiantes, formados como un rompecabezas. Esos son los que me gusta interpretar. Y con respecto a lo que leo, en general, me gusta sentir ante la palabra Fin el quedarme suspendido ante un abismo: el final de La educación sentimental, de Flaubert, o las historias de Colette, o Robert Walser. O dejarme espiar un mundo maravilloso, como los relatos de Karen Blixen, o sus libros de memorias. Me tengo que asombrar, como ante la enormidad de Proust, Borges, los estallidos en cada párrafo de Colum McCann o la levedad de una poetisa contemporánea italiana, Vivian Lamarque, de la que me permito reproducir este brevísimo texto, que para mí sintetiza el placer que siento al leer: "Le dejé a mi amor un mensajito en el limpiaparabrisas. Él creyó que era una multa pero no, era yo". IV. ¿Qué no tiene que tener? No tiene que ser solemne ni didáctico de un modo pedante. No tiene que sentirse el artificio, o la destreza (me abruman las destrezas-ardides de tantos autores ensalzados por la crítica). No me gusta reconocer el deseo de sorprender o escandalizar o provocar. No me gustan las construcciones sobre la nada. No me gustan las aseveraciones llenas de lugares comunes sobre el escribir. Me molestan las reglas generales: que no se puede adjetivar, que no se pueden usar diminutivos, que esto y que lo otro. No me gusta que los escritores se vayan pareciendo todos entre sí. V. ¿Pensás en el teatro cuando estás escribiendo un texto no dramatúrgico? No, pienso en el cine. Mejor dicho, trato de hacer ver al lector lo que escribo, que haga junto a mí los recorridos que le propongo. Ver. Por fuera, al principio, y luego asomarse adentro, también hasta dentro mío. Trato de escribir como si tuviera una cámara en la mano. VI. ¿Es cierto que tenés la mejor colección de música brasileña de Córdoba? No creo, pero es grande. Nunca fui un devoto de la bossa nova, sí del tropicalismo o sea del eclecticismo. Comencé con Maria Bethânia, y aún ahora es quien me da las mejores lecciones de verdad, sencillez, belleza, espectacularidad, coherencia, sentido, vida. Alguna vez soñé con invitarla a decir unos textos, en la obra El mar. Estuve cerca. Hay que vivir muchas vidas para poder concretar todos los sueños. VII. ¿Qué canción brasileña te gustaría ser? Son muchas, entonces elijo dos; van fragmentos, que traduje así: Todo el amor de esta vida/Todo amor que houver nessa vida de Fréjat/Cazuza Quiero la suerte de un amor tranquilo con sabor de fruta mordida Nosotros en el hueco de la hamaca matando la sed con la saliva.Ser el artista de nuestra convivenciapor el infierno y el sol de cada díapor la poesía que no vivimostransformar el tedio en melodía.Ser tu pan, ser tu comida,todo el amor de esta viday un poco de veneno antimonotonía. Promesa Secreta/Jura Secreta de Sueli Costa y Abel Silva Sólo una cosa me entristeceEl beso de amor que no robéLa promesa secreta que no hiceLa pelea de amor que no causéSólo una palabra me devoraLa que mi corazón no diceLo único que me ciega, lo que me hace infelizEs el brillo de la mirada que no recibí. VIII. ¿Cuál es la anécdota de Córdoba que aún merece un buen libro que la cuente? Creo que habría que escribir la vida de María Escudero, o sea hacerla vivir. IX. ¿Cuál fue la sensación más intensa que te haya provocado la actuación? Es cuando siento que estoy haciendo exactamente lo que tengo que hacer, que digo lo que tengo que decir, que doy lo que tengo que dar. Cuando siento que le ofrezco al público lo que necesito decirle y que lo recibe, lo entiende. Estoy/Estamos juntos en ese aquí y ahora casi inasible. X. ¿Con quién deberíamos seguir esta conversación? Quiero antes agradecerte a vos y a Sergio Gaiteri y creo que se debería seguir esta conversación con Alejandro Romanutti, el director de Fra Noi de Colonia Caroya. Aún no publica (aunque sí escribe obras teatrales junto al grupo), pero está esbozando lo que alguna vez surgirá en una gran novela o una gran película: su manera de ver su comunidad, su familia, su mundo. Lo divertido, humilde, cáustico y piadoso-impiadoso de sus relatos innumerables merece, para el deleite de todos, estar en letras de molde…

