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Una vía de reflexión sensible

Versión libre de Poemas lumbares, de Lisandro González.

13 de agosto de 2015 a las 11:31 a. m.
Una vía de  reflexión sensible
El poeta Lisandro González.

Dos libros, bastante distintos entre sí, contiene Poemas lumbares de Lisandro Gonzalez. El primero es "La apariencia de los objetos o elementos nocturnos", un largo poema –compuesto por 27 estancias y un envío final–, bello, ambicioso (en el mejor sentido de la palabra) y casi impersonal en su delicadeza lírica. El segundo, "La película que somos", está integrado por 19 acrósticos (la letra inicial de cada verso corresponde a una letra del nombre y el apellido de una persona querida) y su tono es más íntimo, como condicionado por la presencia (o la ausencia) del destinatario.

La forma del primer libro (y no sólo la forma) recuerda a Notas para una ficción suprema, de Wallace Stevens, aunque traído con extrema sutileza al paisaje de Rosario en el tiempo que va de un domingo a un lunes. Aparte del envío final y del poema 17 (cuyo tema es precisamente esa diferencia), todos los demás están formados por cinco tercetos (en versos libres y sin rima).

El espíritu del gran poeta norteamericano también está presente en el hecho de que el poema, además del mundo circundante, explora el escenario de su propio origen y de su arbitraria necesidad: “Y mientras tanto alguien/ abre una carpeta en un sitio/ entre el poema y las cosas// Y la cierra, para colocarse luego/ en ese arduo lugar/ entre el poema y el resto”.

Sin embargo, pese a esas coincidencias más que formales, “La apariencia de los objetos…” no es un homenaje, ni una parodia, ni un pastiche de aquel libro mayor de la poesía del siglo 20. Es, por el contrario, una vía de reflexión sensible sobre las interacciones entre el tiempo y el espacio: “Los fenómenos naturales/ y especialmente/ variaciones de la luz//en su dialéctica/ siguen siendo/ temas ineludibles.//Una pequeña ventana del baño/ puede ofrecer/ múltiples posibilidades// y hasta algún tipo / de felicidad/ en la humilde orfebrería// que el poeta/ atesora/ en el olvido”.

No su eventual autor sino el poema mismo es la conciencia que capta el arco que se extiende entre la noche y el día sobre la ciudad. Esa conciencia es de todos y es de nadie y se sostiene en el sentido que genera mientras busca su sentido: “El analgésico y el alcohol/ pueden potenciar sus efectos/ como la madrugada// y elenco en retirada de la noche./ Los fracasos del amor/ pueden tener efecto similar// Y algo parecido suceder/ con ladridos,/ sirenas y el ruido de los autos,// todos juntos hasta creerse música/ de una película sin director/ o poema anónimo”.

En el segundo libro, esa película tal vez no tenga director pero sí tiene protagonistas más individualizados, vinculados a sus nombres y apellidos por una casualidad que los poemas, tal vez sin querer, vuelven necesaria, de modo que el posible sentido se transforma en destino posible: “nada que no merezca intentarse/ para un feliz fracaso”.

Poemas lumbaresLisandro González Ediciones Universidad Nacional del Litoral Santa Fe