Un mundo cotidiano y singular
Irrupciones es un conjunto de más de 100 composiciones breves que el escritor uruguayo Mario Levrero hizo por encargo.
A veces las limitaciones de espacio y de tiempo son un obstáculo para el escritor que se siente más cómodo en extensiones más largas, ya que debe adaptarse a una cierta cantidad de líneas y a la entrega en un plazo determinado. Pero también puede que esas limitaciones lo lleven a explorar y desarrollar sus temas con un aliento diferente, y sin que necesariamente la nueva obra quede demasiado por detrás de la ya conocida.
Algo de eso sucede con Mario Levrero en Irrupciones, un tomo que agrupa un conjunto de más de 100 composiciones breves escritas por encargo para la sección cultural de la revista uruguaya Postdata, la primera serie entre 1996 y 1998 y la segunda en 2000. En uno de estos textos se lee: "Lo que se agota es nuestra capacidad de dejarnos afectar, es decir, nuestra capacidad de investigar las novedades que continuamente se producen en el objeto, es decir, nuestra capacidad de relacionarnos con el objeto. De ahí, tal vez, el horror". En dirección opuesta a esa convicción, las pequeñas piezas de este libro muestran a un observador capaz de convertir su entorno en plataforma permanente para la inspección sensorial y el registro literarios. En algunos casos indagando a partir de los objetos, las situaciones, los sentimientos y las ideas que surgen en la vida cotidiana, y en otros a partir de la materia que deja la vida onírica y que permanece activa una vez en la vigilia.
Estos textos, algunos más ajustados a la forma del cuento breve y otros a las más sueltas del relato y la viñeta, oscilan entre el registro ficcional, introspectivo o especulativo. También están los que recrean un pequeño drama o comedia de la vida cotidiana, con personajes a veces absurdos, siniestros o patéticos, y con un narrador casi siempre azorado y sorprendido. Estos son algunos de los tantos temas entre los que se mueve la escritura de Levrero: una vendedora de libros que languidece ante su cliente; un ómnibus atestado de mujeres feas y grandotas que impiden cualquier movimiento; el sonido de una voz por teléfono que el narrador, recién despierto, no logra identificar y no sabe si no se estará perdiendo alguna oportunidad; la fatiga que producen el hostigamiento de la publicidad en los espacios públicos; la seducción que ejerce el botón de Incendio en un banco mientras el protagonista espera que la cola avance; o la necesidad de indagar sobre las hormigas o los mosquitos a partir del disparador más elemental y cercano.
“Todo esto podía muy bien formar un hipertexto, que sería a la vez un mapa a todo nivel de mi propio ser” (…) “En cualquier orden que se lean estos fragmentos, se notará, creo, que todo está ligado y forma parte de lo mismo, como en un holograma”, dice el autor en el prólogo. Y también debe agregarse que más que tomarlas como piezas sueltas y menores de una obra mayor, deberíamos hacerlo como si se trataran de islotes sólo temporalmente aislados de sus novelas y cuentos iniciales, de atmósfera más bien kafkiana, o de las narraciones que en su última etapa inauguraron una forma original de escritura del yo. Tal vez menos ambiciosa, pero igual de cautivante y sorprendente.
Irrupciones
Mario Levrero
Criatura Editora
432 páginas
$ 129

