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Un escritor oculto

Álvaro Cepeda Samudio, fallecido hace 40 años, sigue en los márgenes del canon literario colombiano. 

04 de febrero de 2016 a las 05:15 p. m.
Augusto Porporato
Un escritor oculto

A más de 40 años de su muerte, Álvaro Cepeda Samudio (1926-1972) aún se mantiene en un espacio de marginalidad dentro de la literatura colombiana. Tanto el ninguneo crítico de la época como la limitada circulación de su obra lo han alejado de toda posibilidad de incursión canónica, más allá de oportunas reivindicaciones de colegas contemporáneos como Gabriel García Márquez, quien formó parte con Cepeda Samudio del multidisciplinario grupo de Barranquilla y escribió con fervor y admiración la contratapa de La casa grande, su única novela publicada. El peso significativo de aquellas palabras de García Márquez sirve de presentación a la Obra literaria del escritor barranquillero, que llega editada a través de la Colección Archivos de Alción con la coordinación científica del colombiano Fabio Rodríguez Amaya y del fallecido americanista francés Jacques Gilard.

La obra de Cepeda Samudio es módica y se completa con dos libros de cuentos, Todos estábamos a la espera y Los cuentos de Juana, que se suman en esta edición de estudio a trabajos expresamente escritos por lectores entusiastas, junto con textos y materiales críticos que intentan fundamentar su aporte a la llamada nueva literatura latinoamericana, dentro de la cual Cepeda Samudio fue, según Rodríguez Amaya, “uno de sus más importantes y olvidados protagonistas”. Mentado como uno de los padres del realismo mágico, el trabajo ensayístico y su marco academicista valorizan su escritura contextualizándola temporalmente en el surgimiento de los más grandes narradores latinoamericanos de la segunda mitad del siglo 20, como el mismo García Márquez, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges y Alejo Carpentier.

La brevedad de su obra se podría explicar quizá rápidamente por su muerte temprana, aunque Cepeda Samudio destinó su tiempo también a otras disciplinas artísticas, principalmente el cine, actividad en la que dejó filmada una película. Como en el cine, su visión de la literatura pretendía trascender, y dejar atrás, el costumbrismo regionalista característico de buena parte de la narrativa criolla y de una crítica mainstream de trinchera que defendía el localismo contra el avance de ideas literarias extranjerizantes. Cepeda Samudio, del lado de los llamados “universalistas”, fue un lector voraz y permeable de la literatura sudamericana de Borges, Cortázar y Arlt, admirador del gótico sureño estadounidense y estudioso de la literatura de vanguardia europea, una summa sincrética y experimental de tradiciones que modeló su literatura –en la que persiste sin embargo la idea de pertenencia a un tiempo y a un espacio caribeños– y que ejerció tardíamente su influencia en epígonos silenciosos.

Inhallables en nuestro país, su novela (“La casa grande, además de ser una novela hermosa, es un experimento arriesgado”, decía García Márquez) y sus dos libros de cuentos llegan en esta edición reivindicatoria cuidando la puntuación, la separación de párrafos y la heterodoxia gráfica de sus diálogos, poco respetados, según Gilard y Amaya, en sus publicaciones originales.

Imagen de la nota

Obra literaria de Álvaro Cepeda Samudio. Edición crítica

Fabio Rodríguez Amaya y Jacques Gilard (coordinadores)

Alción Editora

613 páginas

2015