Temas del día:

Un bautismo en los mundos de la ficción

Escribir es más o menos fácil, lo difícil es inventar un mundo. Un universo con sus leyes, sus latidos. 

18 de abril de 2014 a las 07:52 p. m.
Demian Orosz
Un bautismo en los mundos de la ficción
García Márquez por Juan Delfini.

Escribir es más o menos fácil, lo difícil es inventar un mundo. Un universo con sus leyes, sus latidos.

Gabriel García Márquez mordió el presente y disparó hacia el futuro con una obra que tenía algo de cuento de hadas, de Las mil y una noches y de los libros de caballería, pero que al mismo tiempo hablaba de un continente en plena ebullición. Cien años de soledad, novela a la que en su momento Mario Vargas Llosa le atribuyó una hechicería infalible y a la que definió como "saga americana" en el formato de una deslumbrante novela de aventuras, es un prodigio de imaginación sin dejar de ser una ganzúa que abre las puertas de lo real y lo muestra con innumerables matices. Invención, comprensión, salto al vacío. Julio Cortázar se rindió sin concesiones a la potencia creadora de "Gabo" y, con algo de solemnidad, le adjudicó al colombiano y a su hoy vapuleado realismo mágico la capacidad de designar a "nuestra verdadera tierra, nuestros verdaderos hombres". Todavía Cien años de soledad no estaba concluida cuando García Márquez le dijo a Luis Harss, autor de Los nuestros, un libro de entrevistas a escritores latinoamericanos que precedió a la explosión del Boom: "Aunque en esta novela las alfombras vuelan, los muertos resucitan y hay lluvia de flores, es tal vez el menos misterioso de todos mis libros".

Con algunas excepciones (el shock estético que produjo la novela hispanoamericana en España desató algunos episodios de envidia y algún que otro mea culpa por el hecho de no tener escritores peninsulares que produjeran obras del mismo alcance), a fines de la década de 1960 los críticos no tenían muchas dudas si tenían que designar a la novela de García Márquez como obra maestra.

¿Resiste hoy el mismo calificativo? Es imposible una respuesta unívoca, en vista de todo lo que se ha modificado y todo lo que se ha escrito. Pero lo cierto es que la literatura de “Gabo” sigue siendo una puerta de entrada, un bautismo en los mundos de la ficción, una lectura iniciática. En las casas donde todavía hay bibliotecas, sea cual sea el tamaño que tengan, sus libros mantienen el poder de sugestión y maravilla de las primeras veces. “Gabo” espera.