Tute: Me obsesionan el amor, la soledad, el tiempo
El humorista gráfico Tute llega a la Feria del Libro para presentar su reciente novela gráfica Dios, el Hombre, el amor y dos o tres cosas más, un experimento libre de humor poético y melancólico que le dedicó a Caloi, su padre.
Una lengua que da la vuelta al mundo y chupa los monumentos más característicos de la humanidad, un Dios mala onda con apariencia de triángulo con ojo, una gigantesca luna redonda que se vuelve literal, un pacífico ovni abductor, una bestia peluda que cuida un peaje con las 20 verdades peronistas como contraseña, seis páginas de total oscuridad y por sobre todo diálogos, muchos diálogos cotidianamente absurdos entre hombrecitos microscópicos: de eso va Dios, el Hombre, el amor y dos o tres cosas más (Sudamericana), la primera novela gráfica de Tute (Juan Matías Loiseau, Buenos Aires, 1974). El dibujante la presentará este jueves en la Feria del Libro de Córdoba.
Acostumbrado al género más ceñido del humor gráfico (la tira cómica en Batu, la viñeta diaria y la página humorística dominical en La Nación), Tute se acercó en su flamante libro de historietas a la libertad del jazz ("es una jam session", lo describe él) y al frenesí secuencial del lenguaje cinematográfico. En su nueva obra, se abandonó por primera vez a la improvisación gráfica de largo aliento, esquivando ese gesto un tanto obsesivo que es el remate.
Si bien tiene referentes absurdos, mi humor es fundamentalmente melancólico.
“Lo empecé con un tipo caminando sin saber adónde iba”, recuerda. Claro, el personaje era también el mismo Tute, abierto al devenir excitante de la página en blanco. “La idea nace fundamentalmente de las ganas. En general trabajo formatos breves y desde hace tiempo pensaba en hacer algo distinto. Quería dibujar 300 páginas con el sistema de la página dominical, sin previo boceto, una improvisación de dibujos e ideas. Prácticamente lo que hice fue tomar un libro de 300 páginas en blanco y dibujarlo”, explica.
Y sigue: “Pensé justamente en hacer el laburo más libre posible. Mis libros anteriores son recopilaciones de trabajos en medios gráficos, en cambio este no existe en ninguna otra parte que en este libro. Aproveché para jugar con esa posibilidad, aparece un tipo que le pide disculpas a la mujer con la que conversa, dice que se demoró porque es un poco lengualarga, y a partir de eso confiesa que de hecho ha chupado los monumentos más importantes del mundo con su lengua, y la lengua hace todo un recorrido y atraviesa cuatro o cinco páginas. O Dios cuando dice que para demostrar su poder decreta seis días de oscuridad, y son seis páginas en negro. Son juegos que sólo podrían darse en una novela gráfica”.
Me daría vértigo aparecer dibujado con mis cuestiones cotidianas, yo lo hago a través de estos personajitos, de una manera más sutil. De todas formas, me encanta leer esa exposición en otros.
Si algo comprueba Dios, el Hombre, el amor y dos o tres cosas más es la estética singular de Tute, alejada de los polos del grotesco o el naif: el sello del hijo de Caloi es la nostalgia urbana, el humor poético-existencial, la picardía melancólica. "Son los temas que evidentemente me obsesionan, el amor y el desamor, la soledad, el tiempo", reconoce el artista. Y completa: "Lo que hago es humor de autor, estoy yo ahí detrás, con esas preocupaciones y esos temas. Si bien tiene referentes absurdos, mi humor es fundamentalmente melancólico".
Tal vez es esa misma distancia de tintes sentimentales la que le impide sumarse a la autorreferencialidad que detentan varios de sus contemporáneos. Tute: "Soy más amante de la metáfora que de la literalidad. Me daría vértigo aparecer dibujado con mis cuestiones cotidianas, yo lo hago a través de estos personajitos, de una manera más sutil. De todas formas, me encanta leer esa exposición en otros. El otro día terminé de leer Virus tropical de Power Paola, y pensaba: ¡qué bárbaro, cómo conozco a este mujer ahora!".
Infancia mayúscula
Tute ya no dibuja a Batu, su personaje emblemático ("se me hizo pesado dibujarlo todos los días", dice), pero los volúmenes del niño pelirrojo siguen editándose: a principios de año salió el quinto, pronto saldrá el sexto. En esas tiras, Tute dejó pistas de su propio pasado. "Los juegos de Batu y el poder de su imaginación me remiten a mi infancia, de mucho juego al aire libre y apuesta por la imaginación. Recuerdo haber pasado tardes enteras debajo de una sábana y cuatro sillas que hacían las veces de castillo, o poner en la playa una silla dada vuelta y otra atrás y simular que eso era una nave espacial".
¿Es la imaginación la clave? “La imaginación, el ingenio, la libertad, son fundamentales en cualquier artista. Pero antes está la observación. Todo artista primero es un gran observador. Mi trabajo empieza mucho antes de sentarme a dibujar. Por eso es importante no ser el centro. Un buen observador se mueve en la periferia, no llama la atención”, señala.
–El libro tiene la dedicatoria “A mi papá, por Todo”.
–Es eso, le dediqué el libro por todo, no sólo por quien fue artísticamente, sino por lo que fue como tipo, amigo, ser humano. Y con T mayúscula, como le gustaba a Macedonio Fernández”.

