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Señales ominosas del mundo cotidiano

Comentario del libro "Los cuentos siniestros", de Kôbô Abe.

13 de enero de 2012 a las 07:40 a. m.
Antonio Oviedo
Señales ominosas del mundo cotidiano

Llamar kafkiano a un escritor, en este caso al japonés Kôbô Abe (1924-1993), es un atajo que poco contribuye al acercamiento riguroso a una obra que por cierto demanda un análisis menos simplista. La otra linea, desprendida de la anterior, merece ser enunciada: Kafka creó continuadores de una modalidad de lo fantástico que, tratándose de Kôbô Abe (contemporáneo de Junichiro Tanizaki, Yukio Mishima, Osamu Dazai y Kenzaburo Oé), alcanza expresiones que revelan el sello inconfundible de sus propias invenciones. Característica presente en su gran novela Una mujer de la arena, publicada en 1962, y en cuyo acontecer narrativo esas ínfimas formaciones geológicas inducen un escenario propicio a lo pesadillesco.Dos años después aparecieron Los cuentos siniestros: éstos, vistos en perspectiva, prolongan análogos y a la vez diferentes mecanismos de su arte narrativo. En particular, lo siniestro, que califica a estos relatos y que el psicoanálisis supo descubrir gracias a la literatura, remite a la extrañeza que anida en lo familiar. Tal es el centro de gravedad, por así decirlo, de estos siete cuentos escritos entre 1954 y 1964.Coincidentemente, el malestar difuso y a la vez inquietante que asoma desde lo conocido y rutinario circula por las distintas peripecias que Kôbô Abe ha forjado para sus historias. El personaje de El pánico deberá sortear varias insólitas pruebas (robar y cometer un homicidio) impuestas por una empresa para darle un empleo común y corriente. En La casa, un indescriptible y viscoso ser encerrado en un cuchitril causa trastornos a quienes lo mantienen confinado y no pueden expulsarlo por tratarse de un antepasado remoto.Asimismo, en los demás relatos también el corrosivo poder de oscilantes contrastes que nutre lo siniestro halla asideros que atañen a lo estrictamente literario. Todos empujan ese incierto núcleo de lo ominoso hacia los demás textos. La aparición de un cadáver dentro de su departamento llevará al apocado personaje de La muerte ajena a innumerables intentos por liberarse de esa presencia que le despierta atracción y rechazo. Con El perro sucede algo similar, pues el animal adopta conductas superadoras de las humanas en cuanto a bondad, duplicidad o perfidia.Y tanto los ya citados como El grupo de petición anticanibalista (solicita a los caníbales que coman vacas o cerdos en lugar de seres humanos), El huevo de plomo (en su interior hibernó un hombre durante 800 mil años) y Al borde del abismo (la caótica percepción de un boxeador) cumplen la premisa fundamental de  este libro: los inofensivos espacios cotidianos albergan aciagas señales que los erosionan gradual e inexorablemente.Los cuentos siniestrosKôbô AbeEterna Cadencia EditoraBuenos Aires, 2011154 páginas.Precio: $ 69