Roy Rodríguez Nazer: escribir desde el llano
Roy Rodríguez Nazer hace foco en los comienzos del siglo 20 en La Pampa con “Descalzos en la luna”, una novela que tiene como punto de partida un asesinato, pero que deriva en el amor. En su escritura subyacen añoranzas y preguntas sobre la Historia.
La primera novela de Roy Rodríguez Nazer, Descalzos en la luna (Alción), transcurre en la llanura pampeana y comienza con el asesinato de un dirigente chacarero a manos de un comisario. Ambientada en los albores del siglo 20, hace pie en un tiempo decisivo en nuestra historia: las inmigraciones y la exterminación del indio (con la consabida apropiación de la tierra). Aunque la novela se sustenta en un relato de amor y de muerte, el escenario que plantea es casi un personaje en sí mismo.
–¿Por qué ese escenario?
–Creo que la llanura pampeana se convirtió a partir de esa imagen de “granero del mundo” en un espacio mítico sobre el que funcionaron ciertas estructuras de poder y de dominación. Haber nacido en un espacio pampeano me hizo pensar siempre que la historia que nos contaron, Sarmiento, Roca, Mansilla o el propio Mitre, siempre llevaba aguas para los mismos molinos. Y que las personas que vivieron en esos lugares, aún antes de la masacre de Roca, no tenían voz. Y eso podía deberse a varias razones.
–¿Qué lugar ocupa el amor en el relato?
–Hay amor. Es central. Los personajes, aún el propio Maciel, a su manera lleva adelante una forma de amor. Amores que cuestionan las formas convencionales en las que la sociedad moderna pudo manifestarlos. Alba firmaba sus cartas con sus iniciales AMA, dice el narrador. Y creo que es toda una definición. Pero el relato deja una puerta abierta. Se pregunta por las limitaciones del lenguaje humano para expresar eso que llamamos amor. Y además, bucea en ese supuesto amor a la tierra, como espacio de apropiación que define y muchas veces trunca tantas vidas…
–¿Creés que hay deudas con esa parte de nuestra historia?

–El libro abre con una cita de Rafael Barrett. Nadie más olvidado que él en la historia de la literatura de habla hispana. Lo echaron literalmente de la Argentina porque se le ocurrió decir en su maravilloso relato
Buenos Aires
, que en este país de riqueza incipiente había chicos con hambre. En el libro
El Terror Argentino
hay una semblanza de Mitre y sus generales que es terrible y cruda. Sin embargo, la estatua del señor que diseñó el Estado moderno argentino sigue mirando desde lo más alto de la barranca en Recoleta a la avenida Libertador (necesariamente olvidamos que es Libertador General San Martín). Esa vigilancia sobre la narración de nuestra historia se mantiene, a pesar de los esfuerzos y estudios de los últimos años. Mitre sigue vigilando a San Martín. Es un símbolo que se manifiesta en la disposición de los nombres y las estatuas de Buenos Aires y se replica en miles de ciudades y pueblos. Falcón y Rivadavia cercan a Alberdi y cruzan el corazón de la clase media porteña. Esas deudas no son sólo simbólicas. Tienen profundas y oscuras raíces.
–¿Qué preguntas formula la novela?
–Las preguntas son las mismas que quizás toda la vida yo me haga y no llegue a responder. Una fundamental, que tiene que ver con una vivencia muy personal: hace 25 años que me fui de La Pampa. Pero, cada vez que vuelvo tengo la sensación de que me olvido las palabras. El narrador se pregunta si esa característica de la llanura, la del olvido de las palabras, no será la razón de que el país esté condenado a malos entendidos y a esa incapacidad de comprendernos.
–¿La Historia es violenta?
–Es posible que la vida de cualquier animal que camine sobre la tierra sea violenta. Sin embargo, los únicos que tenemos conciencia de la violencia parecemos ser los humanos. A partir de esa conciencia, historiar la humanidad desde los hechos violentos parece tener cierto sentido moralizador que tiende mantener un status quo. La historia de la historia me hace creer que comparto esa afirmación. Pero no de manera tajante. Tengo la esperanza de que haya otra historia.
–¿Sirve la literatura para no perder la memoria?
–Narrar es memoria. Por otra parte, el proceso de lectura nos da la posibilidad de dialogar cara a cara con personas de otro tiempo. Eso es memoria. Mi propósito al escribir la novela fue plantear preguntas que sirvan para recuperar esa memoria. Sin embargo, no estoy seguro de que haya posibilidades de que la literatura sea necesariamente memoria. Olvidamos todo muy rápido.
–¿Otro proyecto de escritura?
–No tengo proyectos. Sí necesidades. Tengo una necesidad interior de seguir escribiendo sobre los espacios llanos. Quizás desde el cuento. Y es posible que cuando pasen los años surja la necesidad de escribir sobre otros tiempos, otros lugares, más citadinos, más cercanos a mi realidad actual.
–¿Cuánto tiempo te llevó este trabajo?
–Fueron 11 años de trabajo. Una manera de resistir la vida cotidiana. Si podía escribir dos líneas antes de ir a trabajar, me mejoraba el ánimo. Creo que la literatura, además de memoria, es un espacio de resistencia. Una forma de decir “podemos resistir, aun en tierra arrasada”.
Perfil: Roy Rodríguez Nazer (Parera, La Pampa, 1971) es comunicador egresado de la UNC, con maestría en Ciencias Sociales Agrarias en curso. Vinculado con el periodismo, estuvo a cargo de la producción de programas como Arriba argentinos, El juego limpio, Desde otro lado, Puntos de vista y Archivo de noticiero. Fue redactor del diario Comercio y Justicia, y ha colaborado con diferentes publicaciones sobre distintas temáticas. Descalzos en la luna es su primera novela.

