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Rock y política: plan de adecuación

El Estado y el rock encontraron espacios comunes de celebración y legitimación mutua. Juan Ignacio Provéndola, autor de Rockpolitik, matiza el fenómeno. 

07 de enero de 2016 a las 05:25 p. m.
Rock y política: plan de adecuación
El exvicepresidente Boudou y Manuel Quieto, de La Mancha de Rolando.

De expresión contracultural a otra que tiene referentes interesados en participar en los términos de la política convencional. Tal el tránsito que destaca Juan Ignacio Provéndola en un texto promocional de su libro Rockpolitik. "El llamado rock nacional se inició en 1966 como expresión marginal y contracultural y, en ese entonces, nadie imaginaba que medio siglo más tarde sonaría en actos de campaña y en jingles proselitistas. Que desfilaría por los pasillos de la Casa Rosada y que sería bailado por presidentes y gobernadores. Que levantaría banderas políticas y que se manifestaría ideológicamente. Nadie imaginaba, en definitiva, que el rock y el poder encontrarían espacios comunes de celebración y legitimación mutua", diagnostica el autor.

“Lejos parecen quedar los tiempos en los que el rock veía al poder como la máxima expresión de su enemigo fundamental: el sistema. Ya en el siglo 21, el rock nacional parece haber readecuado sus proclamas dentro de las lógicas de la política convencional. Algo que algunos verán como el proceso de una evolución madurativa, y otros como la abdicación a las aspiraciones contraculturales que fueron su razón de ser fundacional”, añade Provéndola, consciente de que este nuevo orden es funcional o no, según la lupa con que se observe.

–¿Se desactiva el concepto de militancia cuando al Estado se le cobra un caché inflado?–Es una pregunta capciosa que conduce a lugares comunes, muchos de ellos empujados por nuestros propios prejuicios. ¿Está mal que un artista cobre por su show? ¿Debe hacerlo gratis para demostrarnos algo en particular? La discusión debería ir por otro lado: creo que las experiencias políticas más interesantes de los rockeros no se produjeron precisamente sobre un escenario. La Unión de Músicos Independientes y su fallido proyecto de Ley de la Música son una muestra de ello. "Te volvés peligroso cuando revisás los papeles", dijo una vez Cristian Aldana, referente de ese inédito movimiento orgánico del rock que buscó darle una nueva entidad como profesión.

–¿Sirvió esa cruzada?–Al menos puede entenderse como una respuesta que desmontó los estereotipos del rockero rebelde como tipo que toca la guitarra con cara de enojado, apostrofando al aire y gritándole… a nadie. Lo mejor que puede hacer un rockero para fortalecer su militancia es tratar de evitar la mayor cantidad de intermediarios posibles. El día que eso suceda ya no necesitarán de políticos que los lleven de la mano hacia un escenario. Pero tampoco managers ni jefes de prensa. Y, en una de esas, ni siquiera necesiten de nuestras opiniones e investigaciones.