Raschella, poesía para poetas
El autor acaba de compilar su obra en el libro "La casa encontrada".
Buenos Aires. En La casa encontrada, el poeta, traductor y crítico Roberto Raschella reúne su obra en verso, reafirmando la insularidad de un lenguaje inscripto en una tradición pero extemporáneo a las modas y modos de entender la literatura contemporánea, atrapada muchas veces en una estandarización que no la merece.El volumen, publicado por el Fondo de Cultura Económica, replica los tomos anteriores, dedicados a poetas argentinos: Olga Orozco y Hugo Padeletti, que preceden a este raro (en el sentido de Rubén Darío) que habita el universo de la lengua castellana-y algo más.Raschella nació en 1930 en Buenos Aires y publicó su primer libro, Malditos los gallos, en 1979. Maestro de primaria durante años, traductor, guionista y crítico de cine, nunca se imaginó como poeta, pero sucedió, después de una crisis provocada acaso por un viaje en busca de sus raíces a la Calabria familiar.Después, publicó Poemas del exterminio, en 1988; Tímida hierba de agosto, en 2001; y La casa encontrada, título del libro que agrupa sus cuatro colecciones, la última, inédita hasta 2010.Es autor también de dos novelas, Diálogo en los patios rojos, de 1994, y Si hubiéramos vivido aquí, de 1998.Raschella no es un escritor precoz, ni fácil de leer. Pero eso se dice porque suele pensarse que los tiempos del arte son los mismos que los tiempos de la política, la historia. El arte, la escritura tienen su propio tiempo. El mío es lento. Y trabajo mucho con un lenguaje híbrido, de mezclas, dice.El escritor cuenta que "desde los 18 a los 33 años me dediqué al cine, a la crítica, al guión y a la militancia política. Pero hice un viaje a Italia por una cuestión familiar que me cambió la vida para siempre"."Se produjo un proceso extraño, que duró tres o cuatro años, una situación muy complicada, hasta que en 1967, más o menos, a los 37 años, empecé a escribir poesía, sin haberlo planeado jamás", apunta.Raschella siempre estuvo vinculado a la escritura, pero hasta entonces de manera lateral: "De pronto, todas las lecturas, el impacto del viaje, el deseo, me empujaron a la escritura. Y la poesía llamó a la prosa"."Es cierto: a mí me ha pesado mucho (Cesare) Pavese. Sin dudas más en la vertiente narrativa. Y el otro, fundamental, es (Pier Paolo) Pasolini, que en la Argentina es mal conocido como poeta". Pasolini cruza la obra del autor de La casa... tanto estética como políticamente. La estética del director de El evangelio según San Mateo incluye sus piezas cinematográficas, sus escritos teóricos y sus intervenciones puntuales o \'corsarias\'."Porque algo que se olvida decir es que Pasolini, ante todo, era un poeta extraordinario. Además de un polemista feroz, ante todo era un poeta extraordinario", insiste el vate.Ese reconocimiento, sin embargo, no afecta la \'originalidad\' de la poesía de Raschella, que abreva en diversas tradiciones, la literatura italiana, por supuesto pero también el cine, la música, el tango. "Soy un melómano incurable. Y el vínculo de la poesía con la música no es necesario destacarlo", dice.¿Su poesía es una poesía para poetas? "Es posible. Presenta ciertas dificultades. Las mismas que me provocan a mí escribirla. Yo trabajo con lentitud, corrijo mucho, una y otra vez. Alguien me dijo que si no hubiera sido por algunos amigos, jamás hubiera publicado un libro"."Pero no soy el indicado para abrir un juicio de valor, aunque crea que en este panorama de poemas cortos, los míos son textos un poco insólitos".Para no hablar del uso del lenguaje, notorio en el fraseo que da vida a los versos, pero más notable todavía en la mezcla de lenguas, castellana, italiana, un cierto cocoliche que altera la lectura de sentido común y la transparencia objetiva."En el armado de un poema, siempre existe una idea, una imagen. Pero al contrario de esos poemas cortos, lo mío no cede a lo anecdótico, que creo es un peligro", conjetura Raschella."A mí me ha costado mucho; como dije, trabajo lentamente, reviso mucho, corrijo mucho. Este último libro tuvo un original de casi 200 páginas. Finalmente quedaron menos de 80".En los textos de Raschella existe una contaminación, una infiltración del lenguaje de los inmigrantes. En mi narrativa, el autor clave es Carlo Emilio Gadda (que vivió tres años en la Argentina) y Armando Discépolo.Por cierto, Pasolini decía que Gadda -que en castellano fuera publicado por Tusquets- era el James Joyce italiano. "Gesualdo Bufalino completa la trilogía clave". Es notable que la narrativa peninsular contemporánea haya perdido la densidad de antaño."Gadda va lejos, su literatura es hermética, pero también Salvatore Quasimodo era hermético. De Gadda aprendí una serie de cosas: combinar, por ejemplo, una historia con una experiencia linguística fuerte, una suerte de idiolecto".

