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Otra oportunidad para los cineclubes: con la autogestión no alcanza

Los espacios y salas de cine alternativas deben salir de un malentendido romanticismo de resistencia y pegar un salto. También hace falta el compromiso estatal.

15 de abril de 2016 a las 02:23 p. m.
Alejandro Cozza
Otra oportunidad para los cineclubes: con la autogestión no alcanza

Los cineclubes fueron una pata indispensable en el fenómeno del cine cordobés de la última década. Bajo las pantallas de varios espacios de la capital y del interior se cranearon nuevas películas, fotogramas vistos que inspiraron a otros. Eran más de 30 espacios en toda la provincia con una activa participación de gestión y de público. Hoy se redujo drásticamente ese número. Viceversa, el cine cordobés fue creciendo, amplió sus producciones, se profesionalizó. ¿Qué pasó con los cineclubes?

Tuvieron que replegarse, algunos aggiornarse (no de la mejor manera), otros cerraron. Al momento de dar el salto y convertirse en los espacios de exhibición alternativa a las multisalas que el cine cordobés e internacional pedía, no pudieron acompañar satisfactoriamente el movimiento. ¿Por qué no? Porque en su precariedad institucional (que fue y es presupuestaria) y en un malentendido romanticismo de resistencia, necesitaban acomodar las salas y sus actividades para convertir en realidad su promesa de ser los formadores de públicos que el cine local exigía.

La autogestión no alcanzó y las quijotadas de sus encargados se fueron diluyendo en complicaciones: la lámpara de un proyector quemada y la imposibilidad de reponerla, un aire acondicionado que no llegó nunca, el pago por proyecciones de películas en formato profesional que no puede solventarse, ni viáticos para viajes de directores, ni organización de cursos sostenidos en el tiempo, ni mantener publicaciones gráficas, ni, ni, ni.

Ante la falta, los vínculos con la comunidad se fueron deteriorando. Era el momento ideal para dar el gran salto, pero... ¿aún estamos en ese momento? Sí, nunca es tarde, pero hace falta la grandeza de visión institucional del Estado (nacional, provincial, municipal o incluso el sector privado) para inyectar fondos a estos espacios para que se sostengan y profesionalicen –aunque suene paradójico- dándoles autonomía. Las épocas cinéfilas y quiméricas por el mero hecho de serlo ya pasaron, la pasión no es suficiente para sostener proyectos que exigen un rol mucho más crítico y activo. Si Córdoba quiere ser faro de producción audiovisual, no debe desatender sus cineclubes como lo hizo hasta ahora.

(*) Aejandro Cozza es crítico de cine, guionista, videoclubista y programador.