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Roxana Carabajal: Música de raíz

Desde Unquillo, donde vive actualmente, Roxana Carabajal busca redondear su propio cancionero. La tarea no es sencilla, ya que siente la presión de pertenecer a una familia de creadores fundamentales del folklore santiagueño.

08 de agosto de 2013 a las 12:46 p. m.
Roxana Carabajal: Música de raíz
BUENA O MALA PERO MÍA. Roxana Carabajal empieza a soltarse como cantautora.

Los astros se ordenaron para que la cantante santiagueña Roxana Carabajal se establezca en Unquillo, a pocos kilómetros de la ciudad de Córdoba. El retiro fue activado junto a su pareja, un santafesino llamado Gonzalo, y se disparó por las razones habituales que los pobladores de la intensa Buenos Aires esgrimen a la hora de bajar un cambio: buscar tranquilidad en un trazado urbano de escala más humana.

Finalmente, la pareja consiguió su idealizada casita suburbana, pero la bienvenida del entorno no fue tal. Hubo asalto; la muerte de un joven en el corso local que afectó a todos en zonas cercanas; el parto de Eva, su última hija, la primera que alumbra junto a Gonzalo. La vida manifestando todos sus matices a pleno. "La verdad es que me han apoyado un montón y se ha armado un revuelo... Gracias a Dios no ha sido nada grave, pero me han llevado dos herramientas valiosísimas: la guitarra y la computadora", sintetiza sobre un incidente que, como efecto colateral, logró que muchos se anoticiaran con que la voz femenina del clan Carabajal nos elegía como vecinos.

Y que nos bendecía con la elección, por supuesto. Porque Roxana lleva décadas interpretando con maestría un cancionero creado por antepasados inmediatos (su papi Carlos, su tío Peteco, a los que respaldó en escena, con los que grabó discos), medulares en la música de raíz nativa. "Música santiagueña de raíz", complementa ella sobre el material que ha enriquecido con su voz.

Menor es el tiempo que ha invertido en su propia carrera solista. Sin embargo, ésta ya tiene categoría de prolífica, además de insinuar el despertar, acaso tardío, de una compositora precisa, entrañable. El big bang se dio en su último disco a la fecha, Mujer santiagueña, y en circunstancias dolorosas. "En el proceso del disco viví una de las cosas más importantes que me han pasado a nivel sentimental: la pérdida de mi 'papi\'", nos dijo Roxana en una entrevista anterior, en relación al fallecimiento de su padre-abuelo Carlos Carabajal, a quien le ha escrito la canción Donde él me espera.

"Era la primera vez que sentía un dolor tan desgarrador. A siete meses de su partida, le compongo esta canción y se desata el proceso creador. A partir de ahí, retomé canciones que ya tenía escritas y no me animaba a mostrar. Se las mostré a Peteco, que es el más cercano consejero. Justamente, empecé con Hermandad, un tema que le dedicaba a él como referente de mis aprendizajes", añadió Roxana Carabajal.

Las razones por las que Roxana Carabajal no exhalaba sus composiciones eran, de alguna manera, comprensibles. Se sentía intimidada por el árbol genealógico que la contiene. "Es tema de terapia", sugiere. E inmediatamente especifica: "Es tan grande el respeto, la devoción y todo lo que me despierta el arte nativo de Santiago, que no me hace sentir a la altura. Tiene que ver, además, mi personalidad de perfil bajo, sin ánimo de sobresalir. Por otro lado, entre todos los referentes está mi padre, con el que he tenido un vínculo directo, de amor... No me ha inmovilizado la cuestión, pero voy como puedo. A mis creaciones, que la gente las escuche y las evalúe. No quiero estar en un pedestal, sólo quiero cristalizar mi punto de vista en una canción o chacarera. Y tratar de emocionar con el resultado".

Cierra la cuestión de la "presión familiar" revolviendo su cortado y apuntando que Peteco, en cuya banda de la década de 1990 Roxana se destacó junto a su mamá Graciela, es generoso y muy crítico; nada concesivo: "Si tiene que ser crudo para que crezcas, lo será. Siempre ha sido un gran ejemplo para todos nosotros. No te dice qué caminos tienes que tomar, pero te da su punto de vista sobre cómo podría funcionar una canción. Siempre desde la bondad pero con firmeza".

Por estos días, Roxana intensifica su ímpetu creador. Tiene en gateras un disco grabado en los estudios de Teby Cabotti, ubicado en un haras frente al aeropuerto de Córdoba. Lo ha realizado junto a su banda de acompañamiento, formada por jóvenes músicos santiagueños y bonaerenses, y se recuesta, fundamentalmente, en esas propias miradas. "Me he animado a componer, aun con la carga de pertenecer a la familia que pertenezco. A medida que he crecido y madurado, he tenido experiencias de vida importantes y herramientas musicales como para empezar a jugar".

"De a poco lo he ido logrando. Me ha surgido la necesidad de cerrar ideas que ya tenía desarrolladas desde el nacimiento de mi hijo mayor, Lautaro, que ya tiene 15 años. Son cosas que tienen al amor como eje. Porque siempre se le canta al amor...".

¿Tan así es? ¿No hay otros disparadores? "En casa fue así desde que uno nacía. Dentro de la inconsciencia, le cantas al amor porque creces en un marco de paz y armonía. Y mientras te conviertes en adulto, lo sigues haciendo pero con tus matices personales. A mí me han afectado mis hijos (además del mayor Lautaro y Eva, la del medio Luana) y he desarrollado la capacidad de volver canción pequeñas postales cotidianas".

Así fue que surgió Caminos en una visita circunstancial a Raly Barrionuevo. "Apenas llegué, fui a lo de Raly por el camino sin asfaltar como para que supiera que me establecía cerca suyo y me recomendara algún luthier. Contemplando ese viaje por ventanilla, que para cualquiera puede ser irrelevante, me surgieron melodías y versos", ilustró. "Chacareras no compongo demasiadas, pero me surgió una cuando se produjo la inundación. Vivo al costado de un arroyo y se me vino un río caudaloso de golpe. Y sentada frente a esa manifestación de la naturaleza surgió algo en letra y música. Surgieron juntas. Porque, en esto, no tiene sentido si te pones a pensar las cosas".

Pero claro, el tono de serenidad contemplativa se agitó en pocos días. Y el arte de Roxana acusó recibo. "Desde que vine a Unquillo, me han tocado cosas muy intensas. Pesadas y densas, como la muerte del changuito en el corso. Lamentable ha sido eso, y lo he vivido muy de cerca. No es lo mismo atravesar esa situación en Buenos Aires que en un lugar con tanta cercanía entre pobladores. Encima, me ha tocado eso embarazada. He creado algo al respecto, además", expresa a modo de adelanto del disco de un porvenir que se presume dulce como el río que más conoce.

El patio por la ventana

Mientras desarrolla su estrategia como solista, Roxana Carabajal no rehuye a los compromisos del clan. En ese marco, participa como una de las principales animadoras del "Carabajalazo", la rigurosa revisión a la obra legada por las máximas plumas de la familia, y cuenta las horas para una nueva realización de "La fiesta de la abuela". "La fiesta de la abuela", o la celebración de un nuevo natalicio de la madre de papi Carlos, en el patio de tierra de la casa de La Banda, donde se produjo el encanto cancionero de Santiago del Estero, con la chacarera como combustible.

Por supuesto que los festejos trascienden esa superficie polvorienta y se extienden a la calle, pero en esta oportunidad irán más allá. Roxana: "En este año, se quiso dar un marco más nacional a la cuestión, haciendo contrastar el arte santiagueño con otras expresiones. Sé que cantará Abel Pintos, que tocará Lito Vitale y que Maximiliano Guerra hará un contrapunto coreográfico con Koki y Pajarín Saavedra".

Esta cita, que se cataloga como "El maratón de la chacarera", comenzará a realizarse el próximo martes 13 de este mes y se extenderá hasta el domingo 18. Pero en el medio de esos días, los Carabajal tendrán que ponerse a disposición de la pareja de Cuti, tío de Roxana, que trabaja como documentalista. "Ella es Melina Terribili e hizo una propuesta para hacer la historia de la familia Carabajal. ¿Has visto que nadie entiende nuestro árbol genealógico o se confunde las ramas? Bueno, este proyecto terminará con todas las dudas. Será como un documental explicativo, detallado. Vamos a estar todos trabajando en eso", detalla Roxana, cuya tonada vuelve imposible acusarla de santiagueña aporteñada. "Mi papi Carlos tiene una zamba, que estaría como para rescatarla, que se llama Buenos Aires adiós. En ella, habla de lo que ha vivido en la gran ciudad, y le da las gracias al tiempo que le dice que la tiene que abandonar. Me ha pasado algo similar en relación a Buenos Aires", asegura.

"Yo he vivido en Ramos Mejía de chiquita -revela-, después en Paso del Rey, donde hasta he podido comprar una casita. Pero había llegado un momento en el que había cumplido todo allá, donde nunca me sentí parte. Córdoba es un buen lugar para estar y proyectar el trabajo. Estamos felices aquí con Gonzalo". Y para colmo de bienes, empieza a erigirse Julio Paz como un socio fundamental: "Insisto, soy muy introvertida y, acaso sea por eso, no tengo muchas amistades en el mundo de la música. Soy muy pa\' adentro, no busco relacionarme; si el resto no tiene interés de intercambiar conmigo, ahí queda. Recién ahora puedo fluir junto a Julio Paz, un artista par que, siento, puede ayudarme a buscar mi propia identidad. A fin de cuentas, eso es lo que busco".

Perfil. Junto a su madre, Graciela, Roxana Carabajal representa el ala femenina del prolífico clan santiagueño. Nació en 1973, y se pasó una vida entre Buenos Aires y Santiago del Estero. Tiene cuatro discos de estudio, un grandes éxitos y uno nuevo por venir, concebido íntegramente en Córdoba. Desde hace más de un año, se estableció en Unquillo, donde tuvo a su última hija, Eva.