¿Mentiste que leíste?
¿Cuál fue tu mayor mentira literaria? ¿Qué libro dijiste haber leído a pesar de no haberlo tenido jamás en tus brazos?
¿Alguna vez mentiste haber leído un libro sólo para seducir a tu pareja? ¿Alguna vez asentiste ante la pregunta sobre un clásico de la literatura como si supieras de qué demonios te estaban hablando? ¿Alguna vez compraste un libro que sólo sirvió como adorno en tu biblioteca? No te preocupes: formas parte de la gran mayoría de los mortales. La posesión de un conocimiento y la educación de un gusto estético –literario, artístico- siempre han sido materia de ostentación y son algunas de las plumas más coloridas que todo pavo real que se precie saca a relucir ante la mínima situación de seducción, y muchas, muchísimas veces, ese aspaviento tiene tan poco fundamento en la realidad que se convierte en materia de una anécdota graciosa, una de esas historias que uno termina contando con cierta resignación y auto humillación. En Argentina incluso hemos tenido presidentes que han admitido leer a Sócrates, casi en el colmo de la fanfarronería (Recordemos: Sócrates jamás escribió obra alguna): así que una mentira blanca sobre la lectura de todos los tomos de En busca del tiempo perdido bien puede pasar por travesura. ¿Nos contarías cuál fue tu mayor mentira literaria? ¿Qué libro aseguraste leer aunque jamás hayas pasado de la tapa? y ¿Para qué? ¡Contanos! Publicaremos tu comentario en la próxima edición de Ciudad X.

