Matarlos a todos
Comentario de la novela "Pigmeo", de Chuk Palahniuk.
La primera bomba que pone el protagonista y narrador de Pigmeo hace explotar el idioma: demorás unas 10 páginas en acostumbrarte a que la nueva novela de Palahniuk está "mal escrita", narrada por un terrorista extranjero de 13 años enviado a los Estados Unidos como parte de un comando secreto con la misión de llevar a cabo el mayor atentado de la historia. Pigmeo, bautizado así por la familia que lo recibe sin sospechar que se trata de una especie de máquina asesina de asombrosa eficacia, lleva una cápsula de cianuro en una muela y un entrenamiento en el arte de matar inversamente proporcional a su capacidad de abstracción y a sus ganas de aprender un idioma que aborrece.
¿"Mal escrita"? Es un decir, aunque las primeras páginas, hasta que te acostumbrás, son durísimas y recuerdan a la literatura experimentalista de los '90. Bueno, Palahniuk es noventoso, filo-anarquista, un niño terrible entrado en años sin concesiones temáticas en su cruzada contra la clase media alta. Superada esa barrera idiomática y superado el temor por la literatura "con mensaje social", Pigmeo ofrece un locurón de violencia y humor cínico, un tour demente por las miserias del consumismo norteamericano y una rara sensación de satisfacción en la venganza: de alguna manera Chuk logra que seamos Pigmeo y que observemos a los personajes de la novela siempre desde la perspectiva de un odio cultural atemperado por una mínima piedad que nace de la siguiente conclusión: Pigmeo podría, si quisiera, matarlos a todos. La historia es lineal y lo que sorprende no son los giros posibles de la trama sino la violenta imaginación con la que Palahniuk narra: su técnica podría describirse como un ejercicio de calculado delirio en torno de lo mínimo, una maquinaria ocurrente que lleva un momento de la trama a sus posibilidades más horrendas y escandalosas antes de que realmente evolucione hacia otro momento. O sea: una idea A que antes de convertirse en B es imaginada como la posibilidad de que A mate a todo el abecedario no sin antes considerar un par de violaciones anales entre niños, redenciones religiosas y masturbaciones compulsivas. Noventoso, sí, pero de esa parte de los \'90 que tiene que ver con la cultura disidente, con At the Drive In o Rage Against the Machine, con el post hardcore anarco nihilista que tenía una respuesta cínica para el desastre del mundo: su destrucción, o la idea de su destrucción. De esa parte de los '90 que se alimentó de una mini rebelión individual desencantada de los procesos colectivos. La segunda bomba que pone Pigmeo, en ese sentido, te hace estallar a vos. Pigmeo. Por Chuk PalahniukMondadori, 2011, 267 páginas. Precio: .

