La potencia de nacer
Una lectura de Alto mediodía, libro de poesía de Javier Martínez Ramacciotti.
Más que la noción de entropía, lo que imperaba en el paisaje desolado de uno de los poemas más famosos del siglo 20, Los hombres huecos, de Thomas Stearns Eliot, era la idea de que una cultura, la occidental y cristiana, se había convertido en ruinas. Esa versión no del todo secular del Apocalipsis concluye con dos versos citados hasta el malentendido: “Así se acaba el mundo/ no con un estallido sino con un gemido”.
Javier Martínez Ramacciotti distorsiona esos versos al principio de Alto mediodía –un largo poema, compuesto de varios poemas más breves– y los transforma prácticamente en su opuesto: "y es así como todo comienza/ no con un estallido sino/ sino con un susurro llama a su mamá que desapareció". La muerte de la civilización se vuelve de ese modo el nacimiento de un niño, también en un paisaje ruinoso, porque "no todo lo que nace brilla// en la sala de neonatología del hospital pública/ se encuentran dibujos de mugre/ sobre los mosaicos de las paredes".
El hecho de que el primer poema empiece con la conjunción "y" es un claro indicio de que la continuidad se impone sobre la ruptura, aun cuando la madre del niño desaparezca, porque, como dice en el poema de la página 21, "parir pare cualquiera", y lo que importa es que "cuando menos te das cuenta hay vida gestándose/ adentro tuyo adentro mío adentro de todos". Al menos en la concepción de "vida" del poema resulta irrelevante las filiaciones, dado que se nace a "un mundo sin familia ni parentesco".
La potencia de nacer, parece sugerir Martínez Ramacciotti, supera cualquier determinación, fuerza los límites de cualquier destino prefijado por la clase social o el contexto histórico, y si bien tras ese poema "visionario" retrocede sobre sus propios pasos e ironiza ("parir pare cualquiera/ lo que estás diciendo/ no tiene sentido si vos y yo sabemos/ que nacer es cosa de otros tiempos"), hay en la amplitud de los versos que van volviéndose versículo una fuerza inmune a cualquier distancia irónica.
El poema avanza como si realmente fuera el movimiento de la vida y se hace canción de cuna e himno al mismo tiempo: "el que nace ahora/ quiere que su canción de cuna/ sea la canción de todos". Ese avance caudaloso, esa corriente es más poderosa que los diversos motores de la historia y por sí misma ofrece las cifras "de un tiempo más acogedor".
Unas páginas después de la mitad del libro aparece citado un graffiti en mayúsculas y desde ahí hasta el final, los poemas se vuelve más largos y más líricos, es decir, más centrados en la voz de una primera persona que es a la vez hijo y padre y que va armando un linaje, una historia familiar donde se entreteje la paternidad y la musicalidad. El máximo momento de esplendor poético llega con el poema del página 44, donde el yo (un grito) asciende por un pentagrama hasta alcanzar "una nota en fe menor".
Alto mediodíaJavier Martínez RamacciottiEditorial LlantodemudoCórdoba2014

