Grandes momentos de vidas pequeñas
Experimentos con seres humanos, el último libro de Carlos Schilling, es una colección de relatos que arman la saga fragmentaria de los Staub, dos hermanos que buscan menos la felicidad que la perfección.
Una astuta afirmación de una identidad puesta en ridículo. Experimentos con seres humanos adopta la forma tragicómica de una confesión de parte, un documento elegante acerca de una pequeña aberración: los protagonistas forman parte de una familia educada en el patrón suprematista de la pampa gringa argentina –esa idea de aristocracia racial e intelectual que ha configurado la parte más Mirtha Legrand de nuestra identidad– y muchos de sus conflictos nacen del choque ligeramente excéntrico que puede existir entre ese destino manifiesto de superioridad física, intelectual y moral, y un implacable devenir común de sus biografías.
Los Staub son uno de los objetos de una serie de experimentos en la que se van intercambiando los roles de observador y observado de modo que a veces da la impresión de que es el propio narrador el que está bajo el microscopio, tanto como otras veces se podría afirmar con seguridad que los observados somos nosotros, los lectores, sometidos a un tanteo por algunas de nuestras convicciones más añejas. Una idea de familia como entorno perfecto para las perversiones parece operar de fondo en una forma que también remite al campo de las experimentaciones científicas por la rigurosidad con la que operan ciertas mecánicas emocionales.
Por momentos da la sensación de que en la literatura de Carlos Schilling la forma de las cosas precede a las cosas, y luego esas cosas atraviesan con discreta melancolía la tragedia de estar previstas hasta en sus exasperaciones. Es lo que pasa con el destino de esos personajes y sus momentos de clímax: Lucas y Claus Staub parecen conocer de antemano el esplendor desolado de sus decadencias y es como si se resignaran a eso en nombre de la estética, por respeto a la oscura belleza de esos momentos. Los Staub no buscan tanto la felicidad como la perfección: allí reside la comedia de sus vidas, el delicado humor de este libro.
El “Intermedio Szondi”, un relato que comienza en la página 93 (de 186, y no es un detalle menor que el relato irrumpa exactamente a la mitad el libro) y que se desvía de la saga Staub para contar un episodio desopilante. David Szondi es “ese amigo judío que todo descendiente de alemán necesita exhibir en público para no ser acusado de colaboracionista” y es un protagonista lateral de una comedia de enredos que involucra a un padre inmigrante rumano con ansias de protagonismo en la cultura, una familia amiga algo abusiva en relación a los dones y una enfermedad degenerativa. El relato se une al libro por su lírica del humor, por la construcción de las escenas siempre un escalón próximas a un grotesco que, por voluntad de un experimentador de los límites, nunca llega.
Una obra de arte inspirada y precisa cuya perturbación es un consuelo: el humor que se despliega en Experimentos con seres humanos a partir de la observación de las texturas interiores de la vida ofrece una sombría satisfacción y un amor por la forma.
Si no se cae en el engaño de la empatía por los sentimientos de los personajes, que es una tentación en los relatos de desamor, y se disfruta de las alegrías y dificultades de la creación de esta máquina, los Experimentos de Schilling proponen un viaje divertido y elegante al corazón de hermosas crueldades vitales.
Uno de los secretos de la gracia de esta colección de relatos familiarizados habita en la tragedia de ese suprematismo de base que tienen los Staub, una tragedia que se despliega en la forma que tiene Schilling de hacer prominentes los rasgos ocultos de esa fe en la sangre sin tampoco sobreexponerlos al rango de una explicación: esa soberbia decadente de los Staub no es la causa de sus personalidades ni un pecado que requiera castigo, sino el paisaje constante de sus acciones, el mundo de referencia de sus movimientos. El chiste de Schilling es una trama compleja de pensamiento un tanto dionisíaco que aniquila cualquier rastro de “solución” al problema: los Staub no se redimirán a la humildad (no es una chance), ni se resignarán a la tristeza, más bien buscarán, de la mano de una desesperación estética, un gozo en la destrucción, el deleite de sonreír en medio de un desastre.
Experimentos con seres humanos Carlos SchillingNudista186 páginas$ 139

