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¿Estás a favor o en contra de la ley SOPA?

En "Contracara", oponemos dos comentarios sobre el polémico proyecto de ley estadounidense.

16 de marzo de 2012 a las 08:19 a. m.
¿Estás a favor o en contra de la ley SOPA?
El histórico "Paro de Wikipedia" puso el foco en los posibles perjuicios de una ley como la SOPA.

Dar es dar. Por Martín Carranza Torres. Doctor en Abogacía y consultor.

La Propiedad intelectual ha prestado a la humanidad enormes servicios. Todas las invenciones de lo que se ha dado en llamar la "revolución tecnológica" han sido diseñados en un entorno capitalista de respeto irrestricto a la Propiedad Intelectual. No hay demostración empírica de que eliminando la Propiedad Intelectual vaya a haber un mayor acceso a la cultura, por el contrario. Es el incentivo privado a la creación de bienes inmateriales lo que permite que hoy un mendigo tenga mayor acceso a la información de lo que tenían los reyes hace un par de siglos.Muchas de las agrupaciones autodenominadas "libertarias", que promueven la eliminación de la Propiedad Intelectual de la faz de la tierra, parten de una falacia demagógica con inspiración totalitaria. En efecto, su planteo pareciera resumirse en algo como lo siguiente: "Compartir, es bueno. Por lo tanto compartir debe ser obligatorio".La alta valoración moral de que gozan la generosidad y la solidaridad en las comunidades capitalistas tienen su basamento en dos instituciones fundacionales de nuestro Régimen Constitucional: La Propiedad y la Libertad. Dar lo propio libremente es lo que hace valioso el acto de dar. Quien da lo que no le pertenece quita moralidad a esa entrega y quien da porque está obligado a hacerlo tampoco tiene la altura moral de quien pudiendo no hacerlo lo hace.Compartir es bueno siempre y cuando quien comparte tenga derecho de propiedad sobre lo que da y, siendo libre de no darlo, lo entrega voluntariamente. Cuando esa ecuación se modifica, no solamente se desnaturaliza el concepto, sino que además se produce una confusión institucional enorme.A lo largo de la historia, los derechos de propiedad intelectual, la libertad de expresión y el avance tecnológico han tenido una relación simbiótica.Esa relación armoniosa y complementaria no ha cambiado en nuestra época, sino que, por el contrario, es cada vez más necesaria la Propiedad Intelectual para el avance tecnológico y la masiva difusión del conocimiento humano.Los sistemas institucionales en los que se respetan los derechos y garantías individuales (como ocurre en la Argentina), penalizan las violaciones a los derechos de propiedad y a la libertad en términos similares a los descriptos arriba. Copiar no siempre es delito, copiar es delito cuando, existiendo un titular de derechos que no autoriza un modo particular de explotación de la obra que le pertenece, un tercero la usa en su beneficio o de otros.No es Justicia en ningún sistema jurídico civilizado que quien trabajó para concebir una obra tenga sobre la misma iguales derechos que quien no trabajó en ella (eso es lo que pretenden algunas de las asociaciones autodenominadas libertarias). Si existe respeto por la propiedad en un sistema institucional libre, cuando el estado obliga a alguien a entregar a otro lo que le pertenece, se llama expoliación. Si alguien se apropia de lo que le pertenece a otro se llama robo. Actualmente al robo de propiedad intelectual se le llama piratería. x

Chau peaje. Por Federico Heinz. Programador de software libre y cofundador de la Fundación Vía Libre de Argentina.

Durante muchos años el negocio editorial (discográfico, literario, etc.) fue prácticamente una licencia para imprimir dinero. Aprovechaba el hecho de que copiar y distribuir obrar en forma de libros, discos, películas, era muy caro (una actividad industrial intensiva en capital, y por lo tanto sólo accesible a unos pocos) para instituirse en el único vínculo entre los autores y su público: los autores no podían llegar al público sin que alguien los publicara, el público no podía disfrutar de obras a menos que alguien produjera copias.Operar este vínculo era particularmente lucrativo, porque permitía cobrar dos veces: a los autores le cobraban por la publicidad y la distribución de la obra, al público le cobraban por los ejemplares de la obra. En otras palabras: al autor le vendían público, y al público le vendían autores. Dos puntas tiene el camino, y en las dos alguien me paga.La fiesta se terminó en el momento en que la digitalización nos permitió separar la obra de su soporte: cuando ganamos conciencia de que La Guerra y la Paz no es un libro (una cosa hecha de papel, tinta, cola e hilo), sino una novela (una cosa hecha de palabras). El libro sigue siendo caro de reproducir, pero la novela ya no: la distribución de obras en formato digital está hoy al alcance de casi todos, a bajísimo precio, sin riesgo de quedarse sin stock, de producir copias de más, ni de que la obra se salga de imprenta.Al costado del camino editorial de una mano, en el que las obras fluían sólo de algunos autores consagrados al público consumidor, apareció una autopista de dos vías, en la que las obras van y vienen entre un público cada vez más autor, y autores que siempre fueron público ávido. El contacto es directo, sin intermediarios, abogados, ni contratos imposibles de entender (ni hablemos de cumplir): las obras circulan, se difunden, se complementan, son resignificadas, revalorizadas, recontextualizadas, remixadas. Un verdadero caldo de cultura. Un caldo que, por lo demás, contradice de plano al Evangelio según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual que indica que, sin una restricción de copia fuerte, los autores no tendrían incentivos para producir, se dedicarían a otra cosa, y nos quedaríamos sin obras. Muy lejos del páramo que esta teoría predice para un ámbito en el que la copia es la norma, no la excepción, Internet rebosa de autores y obras, en una cantidad y variedad que la industria editorial jamás hubiera podido sostener, aún si hubiera querido.Históricamente, a los autores nunca nos fue tan bien como hoy. Debe ser difícil para la industria editorial darse cuenta de que la sociedad ya no la necesita como antes. Que está bueno que produzcan libros, discos y demás (según sus propios números, mal no les va), pero que ya no van a ser el único vínculo entre autores y público, ni van a dictar la agenda cultural, ni van a volver a ser los únicos que pueden distribuir ciertas obras. Es comprensible su rabieta al ver que ya no van a poder cobrar peaje a la cultura. Pero ya es hora de que se les pase. x