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Diario de vacaciones con crisis (reseña)

Juan Sklar hace una previsión para el reviente en su primera novela "Los catorce cuadernos".

19 de junio de 2015 a las 12:29 p. m.
Gustavo Pablos
Diario de vacaciones con crisis (reseña)

Quizás no haya nada más atractivo que imaginar a un grupo de personas instalado en un lugar paradisíaco y alejado de la ciudad, sin restricciones sociales y morales y con la suficiente cantidad de drogas y alcohol como para diluir la amenaza de cualquier fantasma conservador. Algo así es lo que propone el escritor y guionista Juan Sklar en su primera novela Los catorce cuadernos, una crónica en pequeña escala de la generación que ronda los 30 años, aunque también intenta ubicarse por encima de ese registro.

Llega el verano a Buenos Aires y el protagonista no tiene muy en claro qué hacer. No puede desconectarse demasiado porque es guionista y está escribiendo dos programas de TV, pero sí puede alternar el trabajo con el placer en un lugar más disfrutable y con una amena compañía. Entra en las redes sociales y ve que una amiga ha alquilado por un mes una casa en el Tigre y necesita de una persona más que ayude con los gastos. “Dos parejas, un amigo y dos lesbianas. Está bien, no me voy a besar con nadie en todo enero, pero es mejor que estar solo trabajando en el asfalto”. Se sube a una lancha y llega a uno de esos lugares característicos del vasto territorio del Delta, con gran cantidad de ríos, arroyos y riachos, y comienza un mes de retiro en que convivirá con los más variados personajes (con unos de forma permanente y con otros sólo los fines de semana): Bebota, profesora de yoga, y su novio, Pintor, artista plástico; Bruja, tarotista, y Palito, director de cine; Bola de Fuego y Agua de Tanque, ambas productoras; y El Tierno, guionista.

El narrador se instala con unas pocas pertenencias y un libro de Michel Houellebecq, Las partículas elementales, quizás con el afán de utilizarlo como brújula y guía espiritual en su persistente vocación de tirotear a cualquier presa más o menos cercana y apetecible. Los días se suceden entre asados y alcohol, charlas y discusiones de sobremesa con una pareja vegana, caminatas por la zona, baños en el río, masajes reparadores, masturbaciones y fiestas con chamanismo, cartas de tarot y mucho porro. No obstante para "Macho Isleño", así lo bautizan al narrador en la isla, lo que pinta como unas vacaciones relajadas y al aire libre termina mostrando, también, su lado oscuro. Por un lado, en un par de regresos a la ciudad los problemas de sus padres ingresan en la historia, y por otro, la punzada siempre urgente del deseo y del amor, una corriente que primero aparece como algo levemente distractor y que luego lo sacude y lo lleva a interrogarse por todo: sus vínculos, su trabajo, la escritura.

Con una prosa muy pegada al habla de su generación, la novela es en su gran parte ligera y divertida, sin demasiados relieves, y en una segunda instancia una exploración más densa y subjetiva por los bajos fondos de una conciencia en crisis. Sin embargo, se termina diluyendo en un par de lugares comunes y tópicos previsibles, como si el autor hubiese encendido el motor y salido a gran velocidad pero sin prever dónde podrá cargar combustible.

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Los catorce cuadernos

Juan Sklar

Beatriz Viterbo Editora

200 páginas

2014

$ 180