Con la fuerza de los ancestros
El artista cordobés Alejandro Bovo Theiler presenta en la Ciudad de las Artes una retrospectiva de su impactante obra en textil y cerámica: esculturas, objetos y dibujos que vinculan lo cotidiano con formas ancestrales y ecos del arte primitivo.
Tiempos, civilizaciones, imaginarios, vivencias, materiales, lenguajes y mitologías se despliegan como un inquietante mapa en tres dimensiones de una Historia paralela o soñada en "Continentes", la muestra de Alejandro Bovo Theiler en la Sala Farina de Ciudad de las Artes.

La exhibición se pretende una síntesis o panorámica de los últimos 15 años de trabajo del artista radicado en La Falda, y por eso es también una perfecta excusa para circular entre los diversos continentes que delinean los dibujos, textiles, esculturas, objetos e instalaciones de un proceso tan cabalmente consolidado como en promisoria construcción, donde también los materiales imperan (botones, telas, semillas, bolitas de cerámica). "Continentes" sugiere así la apariencia fija de un mapamundi, aunque una segunda mirada evidencia los movimientos subterráneos que la atraviesan y movilizan.
Cuando tomo el textil reconozco mis orígenes rurales. Soy nieto, bisnieto y tataranieto de campesinos.
El torso blanco y gris de un mandarín con pera puntiaguda y forma de vasija parece rescatado de las cenizas de un pueblo pasado o por venir, su rostro una creación oriental antiquísima con piel blanca a lo Guerra de las Galaxias y gesto misterioso de V de Vendetta. Hay un conjunto de muñecos próximos a una muñeca colgando del techo que semejan una Novia puesta al desnudo por los solteros labrada hace miles de años por alguna cultura andina o la trastienda de una risueña puesta teatral con marionetas.

Estos y otros muñecos, objetos y bordados rescatados de ruinas imprecisas pueblan el lugar como si se tratara de un museo simulado que pone en jaque al tiempo, haciendo de lo antiguo algo fortuitamente contemporáneo y a la vez develando los frágiles entresijos de lo que llamamos presente: ante la materialidad rústica y ominosa de los cuerpos y objetos el espectador se equipara a un fantasma o a un viajero temporal que se confundió de época.
No es de extrañar que además de su dedicación al arte Bovo Theiler trabaje en un museo arqueológico de su ciudad y en una compañía teatral, La Comisura: la experiencia física de la puesta en escena y la convivencia de capas a escarbar definen el espíritu de Continentes.
Los materiales son un tema y un mensaje. Son la conexión con ese universo de artistas anónimos que llamamos arte primitivo pero también renacentista o medieval. El contacto más directo es con mis abuelos, que han tejido y cosido. Te puedo asegurar que los guantes que hacía mi abuela Elena no los hacía ni la Nasa.
“Tengo interés por todo ese imaginario que llamo entre comillas ‘primitivo’, que no es el origen cronológico sino la conexión con la materia. Hacer una bolita, un chorizo, dar dos puntadas, son vivencias primigenias ancladas en lo cotidiano, en lo ancestral resignificado permanentemente”, dice. Y agrega: “Hay muchas cosas que he ido desenterrando también de mi propia historia biográfica en tensión con el afuera, en un correlato con mi vecindad, mis parientes, mi familia, con ese imaginario que viene de la infancia, de los tíos, de la gente que no conocí pero de la que escuché hablar”.
Ancestros campesinos
Los materiales gastados y de paletas terrosas o apasteladas que recuperan un aura ética de manufactura artesanal son la clave de la obra de Theiler, los que hablan y comunican antes que sus literales cocodrilos, monstruos con cuernos o autorretratos enmascarados, y por eso menciona a Joseph Beuys como referencia (otras son Berni, Miguel Ángel Budini, Louise Bourgeois). Son los soportes los conductores de otras temporalidades y horizontes a la manera de amuletos o sortilegios mágicos. “Los materiales son un tema y un mensaje. Son la conexión con ese universo de artistas anónimos que llamamos arte primitivo pero también renacentista o medieval. El contacto más directo es con mis abuelos, que han tejido y cosido. Te puedo asegurar que los guantes que hacía mi abuela Elena no los hacía ni la Nasa (risas). Era una gran ingeniera, esos guantes no te tiraban ni molestaban. Hay una conexión con ese terreno común del que venimos todos. Cuando tomo el textil reconozco mis orígenes rurales. Soy nieto, bisnieto y tataranieto de campesinos”, reconoce el artista.

Aunque el espectro simbólico que abarcan las creaciones de Bovo Theiler es tan amplio como el de una infinita y despedazada enciclopedia, lo cierto es que a veces las anécdotas nacen de un mundo íntimo, cotidiano, autobiográfico. “Una vez laburé con una sábana que era la mortaja de un familiar, me enteré de eso después. Estaba en casa dando vueltas y la reciclé. Un libro de artista de la muestra está hecho con esa sábana”, revela.
Y también está el caso inverso, la anécdota que le da vida a sus criaturas, como el caso de Nena Magallanes, la muñeca que hace de leitmotiv gráfico de la exposición. Bovo Theiler: "Su cara y sonrisa me conectaron con la historia de Nena Magallanes, una vecina. Hacer un muñeco es como ensayar el propio cadáver, es un espejo del cadáver que somos en potencia. Cuando uno lo hace es materia muerta y la anima, jugás con la demiurgia de dar vida a la materia y dejarla morir cuando desactivás el juego. En ese proceso de hacer el personaje me encuentro con esta vecina que me cuenta su infancia dura, desgraciada, terrible. Después volví a casa y la vi en la sonrisa de la muñeca, no pude evitar que esa información externa se sume a la obra. Los nombres de los personajes vienen de historias cotidianas. El nombre pasa a ser un material más, así me libero de saber quién es Faustina, Juana Micaela, ellas me lo cuentan en la medida en que van realizando su propio camino".

“Antes me costaba aceptar que mi obra era narrativa, y en esta muestra lo narrativo se potencia. En la entrada hay un pequeño caballito bordado que dice ‘Pueblo sudeste’, que habla de mi pueblo al sudeste de la provincia, donde me crié. En un momento de mi formación decidí no estar en ninguno de los dos bandos que son el artista que da un mensaje o el que no le interesa dar un mensaje. Uno debe poder construir un mensaje, no previo sino a partir de lo que sale, quiero descubrirme en la producción de la obra. Todo mi trabajo es una búsqueda de reconocerme, de recuperar, de rescatar”, cierra el artista.
La muestra. La exposición "Continentes", de Alejandro Bovo Theiler, se exhibe en la Sala de Exposiciones Ernesto Farina de la Universidad Provincial de Córdoba, Ciudad de las Artes (avenida Riccheri y Concepción Arenal). Horarios: de lunes a viernes de 9 a 20; sábados de 18 a 21. Entrada libre y gratuita.

