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Alejandro Duchini: Pase entre líneas

Alejandro Duchini es periodista y acaba de publicar el libro “La palabra hecha pelota”, donde dialoga con 14 personalidades de la cultura sobre la relación que tienen con el fútbol. Entre los entrevistados están Osvaldo Bayer, John Carlin, Tomás Abraham y “la Mona” Jiménez. 

12 de noviembre de 2015 a las 11:58 a. m.
José Playo
Alejandro Duchini: Pase entre líneas
Foto: Nicolas Borojovich

Con la habilidad de un director técnico, Alejandro Duchini consiguió reunir en una sola cancha de papel a un equipo de jugadores de diferentes ámbitos para que reflexionaran sobre su relación con el fútbol. El resultado es el libro La palabra hecha pelota (Galerna), que contiene conversaciones con hombres y mujeres que pueblan las páginas de confesiones y experiencias. Dice que uno de sus goles fue lograr que los entrevistados se encanten con el libro.

–Salvo por el árbitro Horacio Elizondo, no hay ningún entrevistado en el libro que esté ligado al fútbol desde un punto de vista profesional. ¿Por qué?

–Quería que el fútbol sea visto desde afuera. No me gustaba la idea de que hablen los mismos jugadores, porque tienen la posibilidad de referir a la temática. No así aquellos que pertenecen a otros ámbitos. A Elizondo lo elegí porque quería saber qué lleva a una persona inteligente, más allá de su sentido por la justicia, a elegir una profesión en la que sabe que siempre va a ser insultado. No sólo él, sino también sus padres; y especialmente su madre. Supongo que le debe gustar que le recuerden de dónde viene.

–Es llamativa la relación que se plantea entre el fútbol y la intimidad de las personas. ¿Qué caso te sorprendió más?

–Me es difícil quedarme con uno. Tal vez el del escritor Eduardo Sacheri, aunque no fue novedoso porque lo conocía. También me causó sorpresa Tomás Abraham, porque desde su condición de filósofo lo imaginaba más racional y no tan pasional cuando se trata de fútbol. Él mismo no se explica por qué cuando juega la Selección se esconde dentro de una vieja estufa para no escuchar cómo termina el partido. Teté Coustarot fue otra sorpresa para mí: imaginarla tan arraigada a su padre gracias al fútbol fue muy fuerte.

–¿A todos los entrevistados el fútbol los sedujo de entrada como temática?

–Encontrarlos, primero, y coordinar las entrevistas, después, fue arduo. Tal vez por eso el armado de esta especie de “selección personal” tiene un mayor gusto para mí. Porque es eso: entrevistas a gente que por diversos motivos admiro. La idea que le planteé a cada uno fue la misma: hablar de por qué o cómo un deporte tan popular como el fútbol podía tener incidencia en sus sentimientos y personalidades. De hecho, es un libro futbolero en el que cada uno cuenta vivencias que van más allá de la pelota, pero a las que llegan a través de ella.

–¿Por qué elegiste a “la Mona”?

–Me encanta. Me parece un capo. Un grande en lo suyo. Pero un grande en serio. Lo entrevisté en Buenos Aires hace como 15 años y me trató muy bien. Cero estrella. Me divertí mucho aquella vez. Siempre recuerdo su humildad. Creo que varios artistas deberían aprender de él, de su trayectoria. Al entrevistarlo para este libro me di cuenta de que no me equivoqué: puso a mi disposición todo el tiempo del mundo y unas ganas enormes.

–En el libro subyace la idea de que la pasión es una cuestión “hereditaria”. ¿No alcanza con enseñar mejor para legar bien?

–Me parece que para mejorar el fútbol no sólo hay que mantener la pasión, porque esa es una herramienta extraordinaria para todos los ámbitos de la vida. También hay que educar. Me hace ruido cuando se mezcla pasión con folklore y en nombre de eso se justifican ataques, insultos y bromas pesadas. Una buena fórmula de mejorar el fútbol sería juntar la educación y el respeto con la pasión.

–¿Qué goles metiste armando el libro?

–El encantamiento de cada entrevistado para con el proyecto. Todos se mostraron muy predispuestos, como si el libro fuese de ellos. Eso fue un alegrón para mí. El respeto que cada uno tuvo es otro golazo. Por ejemplo, John Carlin me atendía desde Inglaterra, vía Skype, en plena madrugada suya. ¡Nada más que para hablar de fútbol! Y, como decía antes, la selección de nombres que pude juntar.

–¿Quién te hubiera gustado que fuera el entrevistado número 15, Roberto Fontanarrosa u Osvaldo Soriano?

–Sin desmerecer a Fontanarrosa, me quedo con Soriano. La calidad de ambos no entra en discusión. Otros sí podrán discutirla. No es mi caso. Ocurre que crecí más con Soriano que con Fontanarrosa. No sé por qué, pero se dio así. Soriano me lleva a tiempos ya lejanos. Creo que tiene incidencia que compartía sus lecturas con mi viejo, que murió más o menos cuando salió su novela La hora sin sombra. La balanza se inclina hacia Soriano por el lado de los recuerdos más personales.

Perfil: Alejandro Duchini (Buenos Aires, 1971) trabajó como periodista deportivo en los diarios La Razón y Crónica y en la revista Goles. Fue editor en jefe de deportes en Infobae.com y actualmente escribe sobre deporte y literatura en las revistas El Gráfico y Nueva y en los diarios La Gaceta de Tucumán y La Voz del Interior. Está a cargo del sitio www.librosypelotas.com.ar, donde se publican crónicas sobre fútbol y libros. La palabra hecha pelota es su primer libro.