Pedido de adopción
Una luz de esperanza se abrió para el equipo permanente de Cancillería que lucha contra la intransigencia de los kelpers a dejar de ser súbditos británicos y convertirse en ciudadanos argentinos. Luis Heredia.
Sorpresivamente, una luz de esperanza se abrió para el equipo permanente de Cancillería que lucha contra la intransigencia de los kelpers a dejar de ser súbditos británicos y convertirse en ciudadanos argentinos, desde que el canciller Guido di Tella les mandaba ositos de peluche: pobladores de Aysén en el sur de Chile, pidieron que Argentina los “adopte”, ya que diversas demandas para mejorar su calidad de vida no son escuchadas en Santiago.
“Lo ocurrido en Aysén puede ser la punta de un aluvión de pedidos de adopción de pequeñas y medianas poblaciones extranjeras que quieren ser argentinas”, afirmaron desde la cartera de Relaciones Exteriores. Sin embargo, las fuentes aseguraron que el pedido fue tan sorpresivo y sin antecedentes en la historia del país (acostumbrado a que se nos rajen territorios enteros desde 1810), que sería muy difícil hacerlo realidad. “De todos modos, lo intentaremos para evitar que desde la comunidad internacional se nos acuse de abandono de personas, lo cual sería muy malo para la imagen del país”, agregaron.
En principio, los habitantes de esta localidad sureña, todavía de Chile, situada a 2.400 kilómetros del despacho del presidente Sebastián Piñera, reclaman una rebaja en el precio de los combustibles (además de diversas mejoras en su calidad de vida), lo que alimenta el escepticismo de quienes aseguran que será imposible que prospere su pedido de pertenecer a la Argentina. “Si es por la cuestión de tener combustible barato, en cuanto tengan que hacer dos horas de cola para conseguir nafta o gasoil como en cualquier estación de servicio argentina, van a pedir volver a pertenecer a Chile antes de intentar llenar un segundo tanque”, sostienen los incrédulos.
Por supuesto que en el caso de que sean acogidos como argentinos, los habitantes de Aysén deberán acostumbrarse a algunos usos y costumbres nacionales, como responder al cuestionario del Plan X que amablemente le acercarán los encuestadores de Gendarmería Nacional.
Con cierta alarma, el gobierno de Chile se puso en marcha para que la población siga perteneciendo al país, al punto de que el presidente trasandino ya logró enviar a dos de sus ministros al lugar. “Demoramos un poco porque ni el señor Presidente ni ninguno de los caballeros del gabinete podíamos encontrar a Aysén en el mapa, debido principalmente a que estábamos convencidos de que quedaba al norte”, aseguró un vocero de la Moneda. Según versiones, la búsqueda habría llevado un par de días y una vez solucionado el problema fueron enviados los titulares de Salud y Transporte para atender los pedidos de los pobladores, además de un regimiento de carabineros con la orden de “pedir explicaciones” al que pintó la pancarta que decía “Argentina, adóptanos”.
Más allá de lo que ocurra con la población chilena, en Cancillería estarían estudiando poner en marcha un programa de adopción de poblaciones de países limítrofes abandonadas por sus gobiernos, que incluye la creación de una Oficina de Adopciones, para lo cual las localidades interesadas deberán iniciar los trámites correspondientes.
El objetivo es evitar que nuestro Servicio Exterior sea tomado de nuevo por sorpresa y aprovechar las situaciones que se presenten para extender las fronteras del país. “Es una forma acrecentar la influencia argentina en la región, evitando que el primer ministro Cameron nos acuse de colonialistas”, asegura un vocero. Los más optimistas dicen que si esta iniciativa tiene éxito el país podría expandirse a lugares impensados. “Por qué no pensar en extender la soberanía nacional a alguna cálida playa de Brasil, de las que tanto nos gustan a los argentinos”, se entusiasmó un diplomático involucrado en el ambicioso programa.
Más allá del anecdótico pedido de los habitantes de Aysén, está claro que muchos pueblos olvidados del territorio nacional podrían levantar con toda justicia la misma pancarta: “Argentina adóptanos”. Y la anécdota pasaría a ser una vergüenza.

