Moyano y la oposición
Resulta inadmisible que el jerarca camionero y aún líder de la CGT pretenda convertirse en jefe de la oposición, ya que en una democracia esta es una función reservada a los políticos.
En una democracia no es normal que el secretario o líder de un sindicato se convierta de hecho en el líder de la oposición. Y es menos normal cuando ese sindicalista ha sido hasta hace poco uno de los principales aliados o sostenes del Gobierno. Pero la Argentina es el país de las anomalías, de modo que no debe extrañar en absoluto que esto suceda. Desde su paulatino alejamiento del gobierno de Cristina Fernández, el secretario de la Confederación General del Trabajo (CGT) y líder del Sindicato de Camioneros, Hugo Moyano, se ha convertido en el virtual jefe de la oposición, cuando ese papel debería ejercerlo el secretario o presidente del principal partido opositor, como ocurre en países con tradición democrática.En España, durante la presidencia de gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, el líder de la oposición era su hoy sucesor, Manuel Rajoy, del Partido Popular. Los sindicatos y las centrales obreras tienen un lugar claramente establecido por las leyes y constituciones y su función es la defensa de los intereses de los trabajadores, aunque pueden estar enrolados o ser afines a determinados partidos.En Italia, por ejemplo, hubo sindicatos de orientación comunista, socialista o demócrata cristiana, pero los lugares del gobierno y la oposición los ocupaban las coaliciones o partidos políticos. Que el sindicalismo se arrogue funciones de la política es, pues, algo impropio.Salvo, claro está, que se tienda a la formación de un Estado nacionalsindicalista, idea que tuvo un auge pasajero antes de la Segunda Guerra Mundial en algunos países europeos. Pero ese Estado no era en su concepción ni liberal ni democrático en sentido estricto.Durante el primer peronismo, hubo sectores que impulsaron esa idea nacionalsindicalista, pero Juan Domingo Perón siempre la desechó, ya que en su proyecto político los sindicatos debían estar subordinados al Estado. Más aún: las dos grandes concesiones al "poder sindical" fueron hechas por gobiernos no peronistas: el de Arturo Frondizi, en 1958, que sancionó la ley de asociaciones profesionales –que establecía el sindicato único por rama o actividad–, y el del dictador militar Juan Carlos Onganía, que a fines de la década de 1960 entregó a los sindicatos el manejo de las obras sociales. Un tema que ha aparecido en el debate público es, precisamente, el de si no corresponde que la prestación de salud se convierta en un servicio universal administrado por el Estado y no por obras sociales regenteadas por los sindicatos, que son fuente de corrupción e ineficiencia.Moyano, en el acto realizado en Huracán, amenazó con paralizar el país si al Gobierno nacional se le ocurre "tocar" las obras sociales sindicales. Pero éste es un tema que interesa al Gobierno, al Congreso, a todo el arco político y a la comunidad, por lo que están de más las amenazas.

