Un modelo de escapismo
Dos recientes informes de Cepal refutan el voluntarioso optimismo y la manipulación sistemática de estadísticas, que son las más acentuadas señas de identidad del "modelo" argentino.
La presidenta de la República realizó recientemente un raro ejercicio de realismo cuando afirmó que la Argentina padece los efectos negativos de la crisis económica mundial. Lejanos están los tiempos (fines de septiembre de 2008) en que Cristina Fernández, hablando en Nueva York ante el Consejo de las Américas, dijo: El país "no necesita un plan B para sortear la crisis financiera mundial, porque nuestro plan A funciona bien y son ustedes, los Estados Unidos y Europa, los que tienen que tener un plan B". Todo el marasmo actual de cierre de importaciones, despidos, suspensiones y de manipulaciones con el mercado de divisas indica que ha comenzado a aplicarse –de manera tardía, reactiva y confusa, según el estilo kirchnerista– su versión propia del plan B.Imaginar que la Argentina podía quedar al margen de las turbulencias económicas y financieras que resquebrajan la solidez socioeconómica de naciones como Francia, Reino Unido, Italia y España es vivir en un voluntarioso aislamiento del mundo. Las dificultades crecientes que enfrentaba un poderoso vecino emergente, Brasil, debieron ser un llamado a la reflexión y revisión de esquemas. Pero si existe un movimiento político refractario a la autocrítica es el que ejerce el poder entre nosotros.Los indicadores macroeconómicos son irrefutables. Ya se tuvo, a mediados de mayo, el primer indicio preocupante: los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre flujo de inversiones extranjeras directas (IED) en la región, donde en 2011 ingresaron 153.448 millones de dólares y casi el 50 por ciento de ellas recalaron en Brasil, mientras que la Argentina ocupaba el sexto lugar. Ello pese a que, en su admonición en el Consejo de las Américas, Cristina ofreció a la Argentina como un paraíso para radicar capital extranjero productivo.Un segundo informe de Cepal pronostica que la Argentina crecerá 3,5 por ciento en 2012, muy por detrás de Panamá (8 por ciento), Haití (6 por ciento), Perú (5,7 por ciento), Bolivia (5,2 por ciento), Costa Rica (5 por ciento), Venezuela (5 por ciento) y Chile (4,9 por ciento).Esto representa menos de la mitad del nivel que en 2008 la Presidenta ostentó con orgullo en Nueva York. Pero, al menos, queda el consuelo de superar por primera vez en muchos años al Brasil, para el que se prevé un crecimiento del 2,7 por ciento.En cambio, el organismo de las Naciones Unidas incluye un dato que debería preocupar seriamente al Gobierno nacional: en la región, la inflación mantuvo su tendencia a la baja y los registros de abril de 2012 inducen a la previsión de una variación anual del 5,5 por ciento. Pero en la Argentina la inflación real quintuplica los índices regionales, lo que constituye una gran falla del "modelo" y una señal de alarma para el futuro.

