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Belgrano y Néstor Kirchner

Desafortunada fue la comparación que hizo Cristina Fernández de Manuel Belgrano con su difunto esposo, como también fueron poco convincentes sus palabras sobre la tragedia de Once.

01 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Belgrano y Néstor Kirchner

Al evocar el bicentenario de la Bandera Nacional, izada por primera vez por Manuel Belgrano en las riberas del Paraná, la presidenta Cristina Fernández hizo un panegírico de los más de ocho años de gobierno kirchnerista, tema al que dedicó más tiempo que al motivo principal de la ceremonia. También se refirió a la luctuosa tragedia ferroviaria del barrio porteño de Once. Y lo primero que puede decirse de estas dos últimas cuestiones es que volvió a ser, como en anteriores ocasiones, autoelogiosa y acrítica. Parece ser, según sus palabras, que el Estado nacional no tuvo responsabilidad alguna en lo ocurrido. Y, respecto de la historia, que hasta los momentos y los hombres más sublimes de nuestro pasado quedan empequeñecidos por quienes lideran el actual proceso político.Al hablar de la tragedia que dejó 51 muertos el pasado jueves 22 de febrero, la jefa del Estado no se refirió al tema de los subsidios ni tampoco a la falta de inversiones básicas y fundamentales en el sistema ferroviario argentino, dos temas que en absoluto pueden estar al margen en una consideración oficial sobre el luctuoso hecho. Es como si los errores hubieran sido sólo de otros y el Gobierno estuviera eximido de culpa y cargo. La Presidenta prometió aguardar los resultados de las investigaciones y actuaciones de la Justicia, pero al día siguiente el Gobierno dispuso una intervención "cautelar y administrativa" en la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA), la que administra las líneas Sarmiento y Mitre que comunican a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con su enorme conurbano.Cabe recordar que esta empresa tenía fluidas relaciones con el Gobierno y fue elogiada por el propio Néstor Kirchner como representante de un supuesto "capitalismo nacional", de modo que no puede ser señalada ahora como un chivo expiatorio sobre el que se cargan todas las culpas.El transporte público de pasajeros, más allá de que sea administrado –en forma directa o en concesión– por empresas privadas, es una actividad en la que el Estado tiene responsabilidades indelegables, entre las que se cuentan la de fijar las tarifas adecuadas y garantizar la eficiencia y la seguridad en la prestación del servicio, además de las inversiones y las tareas de mantenimiento de rigor.Finalmente, hay que señalar que la Presidenta no estuvo feliz al referirse a las víctimas de la tragedia de la estación de Once. No fue la suya una oración fúnebre, una palabra nacida del dolor o del consuelo, sino una agresión, un pedido de venganza –proclamado en tono destemplado y agresivo– contra los responsables de un hecho en el que el Estado nacional, del que ella es su máximo representante, también tuvo un alto grado de culpabilidad. Y ocurrió en un acto que debió estar por encima de coyunturas políticas, para honrar realmente al creador de la Bandera.