Brasil marca la agenda de Argentina
Para el economista, el gigante del Mercosur mostró el rumbo que debe tomar el Gobierno argentino en materia económica: mejorar la competitividad "no precio".
Lejos de ser una amenaza, Brasil es una ayuda para Argentina. No sólo por ser el gran mercado que tenemos cerca, sino porque también marca la agenda que debe asumir la economía argentina. Así lo entiende Bernardo Kosacoff, docente de la Universidad San Andrés y director del Centro de Empresa, Competitividad y Desarrollo (Cecyd), para quien mejorar la competitividad, frenar la inflación y detener la fuga de capitales es el principal desafío que tendrá el próximo Gobierno. Luego de realizar charlas en Córdoba, y en la tranquilidad serrana de La Posada del Qenti, el ex economista de la Cepal advierte que hace falta un nivel de inversión del 26 por ciento del PIB (cuatro puntos más que el actual) para crecer al cinco por ciento anual. – ¿Qué tema debe ocupar la agenda económica del próximo Gobierno? –En Argentina muchos están preocupados por las medidas que tomó Brasil. Sin embargo, los anuncios que hizo Dilma Rousseff marcan la agenda que debe asumir Argentina. –¿Por qué? –Brasil duplicó su mercado interno sumando 40 millones de personas a la clase media y generó una importante expansión monetaria después de la crisis de 2009, con todos los daños que provoca la inflación. El problema es que en el mercado interno a las empresas les va muy bien, pero pierden posiciones en el mercado internacional. –Algo similar a lo que ocurre acá… –El diagnóstico de Rousseff es que el mundo es más proteccionista y las prácticas comerciales desleales aumentan. No pueden devaluar la moneda, por el efecto inflacionario. Entonces instala una agenda para mejorar la competitividad "no precio". –¿Qué significa la competitividad "no precio"? –Es fortalecer la competitividad de la industria de tecnología más compleja. Primero repatriaron científicos propios e importaron extranjeros, dieron facilidades para estudios de pos grado y anunciaron que duplicarán la inversión en investigación y desarrollo, hoy de 1,2 por ciento del PIB. –Y ahora presentaron un nuevo paquete… –Que va en el mismo sentido. Pusieron 16 mil millones de dólares para innovación, calificación de recursos humanos, inversiones, desarrollo de proveedores, gestión de calidad. Al mismo tiempo, anunció subsidios y desgravaciones a los aportes patronales para mano de obra calificada y preferencia de 25 por ciento a la fabricación local en las compras del Estado. Esto mejora la competitividad sin devaluar la moneda. –Estos son los temas que preocupan a la Argentina… –La moneda argentina se revalúa por la inflación. Hoy la competitividad no se puede mejorar vía devaluación, como en 2002; entonces, la capacidad ociosa, el contexto recesivo, la fuerte caída de los salarios y la suba de los precios internacionales favorecieron al país. Esto es muy diferente a lo que sucede ahora. –¿La actual política industrial es favorable para el sector? –Está claro que hay sectores sin competitividad y que están afectados por prácticas desleales de su competencia internacional. Son sectores que no pesan mucho en la industria (su participación llega a 10 por ciento), pero tienen una importancia mayor para el empleo y la producción regional. –Estos sectores necesitan protección… –Pero cuando se les da protección es para que recompongan eficiencia y productividad y protejan los activos humanos, tecnológicos y empresarios. Para eso, debe estar acompañada de obligaciones de desempeño, como también de castigos en caso de que la protección, en lugar de invertir y calificar a los recursos humanos, se convierta en amparo de la ineficiencia. –Es clave la inversión. ¿Hay forma de incentivarla? –El país creció a partir de 2003 porque se utilizó la capacidad ociosa, pero también porque la inversión se duplicó del 11 al 22 por ciento del PIB. Invirtieron las Pyme, la construcción y el Estado a través de la obra pública. El problema es que no se ve la inversión de las empresas multinacionales, restringidas a montos pequeños o a fusiones y adquisiciones y no tanto a nuevas plantas. –Las únicas grandes que invirtieron fueron las automotrices… –El caso automotriz es un ejemplo de que se puede lograr impulsar la inversión en las empresas multinacionales. Brasil invirtió en Argentina, pero para tomar mercados ya existentes como petróleo, textiles, cemento, cerveza y siderurgia no plana (acero sin costura). –¿Qué volumen de inversión hace falta? –Para seguir creciendo al cinco por ciento en los próximos siete a ocho años hacen falta tres a cuatro puntos más de inversión, pero inversión de calidad, nuevas plantas e infraestructura. Esto implica 15 mil millones de dólares, no demasiado si se tiene en cuenta que en los últimos cuatro años se fugaron capitales por 70 mil millones de dólares.

