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Brasil y un camino difícil

A pesar de un menor crecimiento esperado para este año –las proyecciones arrancaron en 3,7 por ciento y hoy están en 2,7–, el Banco Central de Brasil volvió a ratificar su independencia respecto de los objetivos de la política de turno.

23 de julio de 2013 a las 12:01 a. m.
Federico Furiase*
Brasil y un camino difícil

Un crecimiento débil desde 2011 e inflación que se acelera por arriba de los objetivos del Banco Central han derivado en un dilema para la política económica de Brasil. Cualquier movimiento al alza de la tasa de interés de referencia que intente desacelerar la inflación conspira contra el objetivo de maximizar el crecimiento económico de corto plazo de la “política”, y viceversa.

A pesar de un menor crecimiento esperado para este año –las proyecciones arrancaron en 3,7 por ciento y hoy están en 2,7–, el Banco Central de Brasil volvió a ratificar su independencia respecto de los objetivos de la política de turno. Frente a esto, la autoridad monetaria subió la tasa de interés de referencia en 50 puntos básicos a 8,5 por ciento (el piso estuvo en 7,25). El objetivo consiste en aminorar el ritmo de una inflación que ya viaja (6,7 por ciento) por arriba del rango máximo de tolerancia de la autoridad monetaria (6,5).

En un segundo análisis, se puede interpretar que las autoridades aumentan la tasa de interés que remunera el ahorro en reales para revertir la salida de capitales (por la suba de tasas en Estados Unidos que gatilló la salida de capitales desde los emergentes). Sobre todo en una economía que necesita del ahorro del resto del mundo para financiar el exceso del gasto doméstico evidenciado en un déficit de cuenta corriente externa que hoy alcanza 75 mil millones de dólares anuales.

Sin embargo, mientras el ciclo de baja de la tasa de interés no ayudó a revertir el estancamiento, el escenario de suba de tasas sí induce un efecto contractivo. Por un lado, la suba del costo de fondeo restringe los márgenes de política fiscal expansiva (el 20 por ciento de la deuda pública está indexada a la tasa de interés de referencia). Al mismo tiempo, el encarecimiento del costo de fondeo agudiza la carga financiera de las familias que (está en 20 por ciento de los ingresos disponibles). Mientras, la depreciación del real (43 por ciento desde el máximo de 2011 y 13 respecto del promedio de enero/mayo 2013) ha revertido el atraso cambiario generado por el modelo de tasas altas, mejorando la ecuación de competitividad de la industria. Sin embargo, la escalada de precios y la duplicación de la deuda privada externa en los últimos cinco años ponen un límite a la devaluación. ¿Podrá compensar la devaluación del real el efecto contractivo derivado de la suba de tasas de interés? Mientras el comercio internacional permanezca estancado (recesión europea y desaceleración china), las ganancias de competitividad asociadas a un real más débil no serán maximizadas. Por otro lado, la vuelta a un modelo basado en el crédito internacional cuando la “panacea financiera global” de tasa cero y dólar débil parece diluirse tampoco parece el camino más optimo. Veremos cómo sigue…

*Economista de Estudio Bein & Asociados.