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Paren con los gatos

No hay que temer por la escasez de réplicas de felinos dorados saludadores. Son fácilmente reemplazables. Luis Heredia.

08 de abril de 2012 a las 12:02 a. m.
Paren con los gatos

La protesta de unos 40 países desesperados por venderle algo a la Argentina, por las trabas a las importaciones impuestas por la Casa Rosada, constituye una reacción esperable contra una medida polémica, que de fondo apunta a poner algún freno al consumismo y, en lo inmediato, a poner coto al ingreso descontrolado de gatos de la fortuna de origen chino al país.

“Las proyecciones de nuestro Departamento de Estadísticas fueron claras: si no p oníamos algún marco de racionalidad a las importaciones en general y al ingreso de gatos de la suerte en particular, para 2017 habría en Argentina 80 de estos artefactos autómatas por habitante, es decir unos 3.200 millones de estas réplicas de felinos que saludan todo el tiempo”, explicó un funcionario de Comercio Exterior. “No queremos llegar al extremo de algunos países de Europa que no saben qué hacer con estos gatos”, agregó.

Según el razonamiento de los funcionarios que las impulsaron, las restricciones no sólo van a evitar que el país se sature de gatos dorados, sino que además este rubro puede implicar el desarrollo de una saludable política de sustitución de importaciones.

“Al no poder comprar el felino chino para poner en la repisa, una forma práctica de reemplazo es esperar el óbito del gato de la casa y hacerlo embalsamar en posición sentado y con un mecanismo de péndulo que deje su mano izquierda en movimiento constante de saludo”, explicaron los técnicos del área.

Con esta operatoria no sólo se ahorrarían millones de dólares, sino que se d aría un notable impulso a la actividad de la taxidermia en el país, además de mantener vívida la imagen y el recuerdo de los queridos gatos hogareños en lugares destacados de las casas.

“No se puede comparar el mínimo valor de un gato dorado chino, con la tierna imagen de Manchita o como se llame el gato que nos acompañó durante años, saludándonos desde arriba de la heladera por toda la eternidad. Hay toda una carga sentimental en el medio”, aseguró el especialista en trabas a las importaciones, José Barrera Baja. “Que quede claro que me estoy refiriendo al felino doméstico y no a otra variedad de gato que no luciría muy bien saludando desde la heladera”, se preocupó en aclarar el funcionario.

Además si lo que se busca es suerte y algo de abundancia, para eso están los equecos (u ekekos), que se producen artesanalmente en la Argentina. “Son de calidad superior, tienen excelentes resultados y están en condiciones de competir en el mercado externo con los gatos chinos”, afirmó el experto.

El problema es que el freno a las importaciones también afectó algunos productos que se necesitan para terminar de armar bienes que se producen el país, como el caso de los autos. Sin embargo desde Comercio Exterior se minimizó la cuestión. Y aseguran que si faltan un par de piezas para terminar un automóvil, no hay razones para frenar una línea de producción y quejarse tres veces por semana como lo hace Cristiano Rattazzi.

Para los especialistas en sustitución de importaciones, existen formas de sobrellevar la cuestión fronteras adentro, sin dejarse caer en el inmovilismo y el abatimiento. Una es el alambre, un producto nacional de larga tradición y variedad de uso en el país, que permite reemplazar cualquier componente “rebelde”. Otra posibilidad para las terminales automotrices pasa por buscar en La Salada los elementos indispensables para la fabricación de sus autos. “Lo que pasa es que se ahogan en un vaso de agua. Cuando a los de la Nasa les falta algo para armar un cohete, no tienen ningún problema en volar desde Florida hasta La Salada para encontrar los componentes, como los revestimientos térmicos de los transbordadores”, dice Barrera Baja.

En definitiva, los comerciantes del mundo están armando una tormenta en un vaso de agua, ya que Argentina sólo está tratando de que el consumismo no se convierta en un vicio.