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Libertad a la Fragata

El dinero cambia la perspectiva de las cosas, a pequeña y a gran escala. Luis Heredia.

14 de octubre de 2012 a las 12:03 a. m.
Libertad a la Fragata
La emblemática Fragata Libertad.

Los tiempos cambian. Hasta bien entrado el siglo XIX, cada vez que un barco a velas se acercaba a las costas africanas, sus habitantes corrían presurosamente tierra adentro porque sabían que tenían altas posibilidades de terminar en sus infames bodegas. Pero ahora, avanzado el siglo 21, al menos en Ghana, ya no sólo no corren cuando aparece algún barco, sino que lo capturan, lo convierten en presa y después piden rescate. Fue el caso de la Fragata Libertad, maniobra en la cual también estuvieron implicados los representantes de los insufribles fondos buitres. "Evidentemente, los africanos le han perdido su ancestral temor a estos antiguos barcos, y está bien que así sea, el problema es que con la Fragata Libertad se pasaron para el otro lado", explicó el estudioso de barcos antiguos, José "Palo" Trinquete, quien considera que frente a esta situación, los próximos viajes de instrucción de la Fragata (si es que la devuelven algún día) no deberían tocar puertos africanos, o tendría que hacerlo escoltada por algún navío "patovica" con respetable poder de fuego. Lo cierto es que frente al hecho consumado, Cancillería puso en marcha el operativo rescate (conocido bajo el nombre en clave de "Operación Perla Negra"), a cargo de un grupo de especialistas en toma de rehenes. La línea de acción planteó una serie de puntos que debían cumplirse escrupulosamente y contrarreloj hasta alcanzar el objetivo de liberar el buque escuela de la Armada, desde los más básicos a lo más complejos. Estos fueron los pasos. 1) Ubicar dónde queda Ghana. Héctor Timerman dio media hora para detectar a este país en el planisferio. Un equipo de 20 especialistas en interpretación de Google Maps lo logró, si bien la tarea les demandó un poco más de tiempo (unas 14 horas aproximadamente). 2) Convocar de urgencia al embajador de Ghana en el país, e imponerle un ultimátum para que su país libere a la Fragata en 24 horas. Asimismo, ordenar el envío de un portaaviones hacia la región para meter más presión, tal como haría Estados Unidos en una circunstancia similar. Este punto no pudo cumplirse porque en el país no hay embajador de Ghana ni tenemos portaaviones. 3) Convocar de urgencia al responsable de haber incluido a Ghana en el derrotero de la Fragata, para que explique qué lo llevó a proponer semejante ocurrencia. En función de los antecedentes de meter al Gobierno en problemas, las sospechas apuntaban al hermano de Nilda Garré. 4) Explicarle a los miembros de la Suprema Corte de Ghana que el barco es inembargable porque es un buque de guerra, por lo tanto tiene inmunidad y con su retención se está violando nada menos que la Convención Internacional de los Derechos del Mar, a la que Ghana está suscrita. Esta instancia no tuvo ningún efecto porque la Justicia ghanesa respondió que "no hay bases suficientes para desestimar la sentencia", que debe traducirse como "saben lo que pueden hacer con la Convención del Mar". 5) Llegar al corazón de los jueces ghaneses, explicándoles que la Asamblea del Año XIII decretó la libertad de vientres, y que los esclavos que pelearon en las guerras de la Independencia recibieron la libertad (si pocos llegaron a obtenerla fue por la extraordinaria puntería del enemigo y no por falta de voluntad de las autoridades argentinas). 6) Finalmente y fracasados todos los intentos legales y de seducción sobre los jueces ghaneses, sólo queda determinar cuántos millones de dólares hacen falta para que reconsideren su fallo y adviertan que efectivamente la Fragata Libertad goza de inmunidad según las leyes del mar. Ya anticiparon que 20 millones de fianza sería una cifra que les permitiría iluminar sus mentes. "Es increíble el poder del dinero para cambiar la perspectiva de las cosas", explicó con sorpresa una fuente diplomática. No debería sorprendernos: Roger Waters armó un barullo de alcance internacional porque un policía le pidió en Buenos Aires una de las habituales coimas nacionales de 100 pesos (seguramente para una muzza con morrones y una cerveza), para cambiar su percepción de la luz de un semáforo, de rojo a verde. El dinero cambia la perspectiva de las cosas, a pequeña y a gran escala.