Una incógnita que daña al país
El Gobierno nacional no aclara qué hará con YPF, a la que culpa de los problemas energéticos que sufre el país. Esos desbarajustes son fruto de las políticas aplicadas desde 2003.
La sociedad no sabe con claridad qué pretende hacer el Gobierno nacional con YPF, la mayor compañía privada de la Argentina. Sí está claro, en cambio, que la estrategia diseñada hasta ahora busca reducir el valor patrimonial de la empresa, que es controlada por capitales españoles –pertenecientes a la firma Repsol–, con una mínima integración de fondos mejicanos y el 25 por ciento en manos de capitales argentinos nucleados en torno de la familia Eskenazi. Hay también acciones en los mercados bursátiles, que desde que empezó la crisis perdieron casi la mitad de su valor, lo que redujo la cotización en casi siete mil millones de dólares.La gestión de Cristina Fernández desde 2007 y la de su esposo Néstor Kirchner entre 2003 y 2007 han ido y han vuelto sobre el tema energético con múltiples programas, ninguno de los cuales pudo solucionar una demanda en crecimiento, fruto de la expansión económica que vivió el país en esos períodos.Néstor Kirchner prohijó el ingreso de capitales argentinos, que compraron su participación a través de una insólita operación: pagaron las acciones con futuros dividendos, para lo cual YPF se comprometía a distribuir el 90 por ciento de las ganancias de cada período. Así, las utilidades se distribuían: una fracción se destinaba a pagar la compra por parte del grupo Eskenazi y el exiguo beneficio restante iba a inversión en exploración y explotación.El resultado de esa ingeniería, junto a una política de precios que desalentó cualquier inversión privada, provocó los resultados conocidos: la Argentina tendría este año un déficit energético en torno de los nueve mil millones de dólares, lo que en la práctica equivale al superávit de la balanza comercial.El Gobierno cree que la intervención de la empresa y una nueva licitación de áreas marginales por parte de las provincias petroleras solucionarán el déficit. Si así resulta, la Presidenta no necesitará gastar las reservas del Banco Central en sostener una política que implica seguir entregando energía –electricidad, gas natural y combustibles– a precios irrisorios en relación con los del resto del mundo.Las idas y vueltas ya dieron resultados negativos para el patrimonio de la empresa y dañaron la relación con España, un país amigo de la Argentina incluso en los peores momentos de la crisis 2001-2002 (facilitó mil millones de dólares aún no cobrados). Los daños siguen: también colocaron al país en la lista negra de las naciones que no son amigas de la inversión privada.El Gobierno debe explicar con claridad qué pretende hacer con YPF y aceptar un debate con los sectores de la oposición y los especialistas en el tema, para saber si las soluciones que se ponen en marcha asegurarán el autoabastecimiento energético, uno de los grandes desafíos que enfrentan hoy los países civilizados.

