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Una gran culpa argentina

A 20 años del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires -masacre respecto de la cual no hay procesados ni detenidos-, es una vergüenza que no se haya avanzado nada en la investigación.

17 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Una gran culpa argentina

El 17 de marzo de 1992, después del mediodía, una poderosa bomba destruyó el edificio de la Embajada de la República de Israel, entonces ubicada en las calles Suipacha y Arroyo de la ciudad de Buenos Aires. El atentado dejó un saldo de 22 muertos y numerosos heridos, y lo más grave es que, pese a los 20 años transcurridos, no hay un condenado, un detenido, ni siquiera un sospechoso. La masacre quedó pues en la más absoluta impunidad, lo que habla muy mal de la Justicia y de las fuerzas de seguridad argentinas.Nadie se explica, ni en el país ni en el exterior, que semejante atentado, perpetrado en pleno centro de Buenos Aires, que es una de las ciudades más importantes del mundo, no haya dejado rastros ni pistas. Realmente no tiene explicación este enorme vacío de investigación y de justicia, que constituye una enorme deuda jurídica, institucional y moral para nuestro país.Dos años después se produjo el brutal ataque terrorista contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia), en la calle Pasteur, también de la ciudad de Buenos Aires, que causó 85 víctimas fatales e innumerables heridos, muchos de ellos vecinos del lugar o transeúntes que por allí pasaban. En la causa Amia hubo detenidos, procesados y condenados, pero todos ellos fueron absueltos en la sentencia judicial de segunda instancia, que revocó el fallo condenatorio adoptado en primera instancia y sancionó con severidad al magistrado interviniente en la fase inicial del proceso.En suma, las investigaciones sobre los ataques contra la Embajada de Israel y la Amia quedaron en la nada, lo que llena de vergüenza a todos los hombres libres y dignos de nuestro país, que ha quedado ante el resto del mundo con la triste imagen de un país inseguro, falto de justicia y hasta cómplice de estos crímenes atroces.El canciller de Israel, Avigdor Lieberman, dijo que los atentados contra la Embajada israelí y la Amia "quedaron grabados en la memoria histórica y nacional del Estado de Israel y del pueblo argentino y ambos países pasaron a tener, en contra de su voluntad, una asociación de dolor y privaciones".Una importante delegación israelí estará presente hoy en la plaza donde estaba emplazada la embajada destruida, en cuyos muros están inscriptos los nombres de las 22 víctimas de 1992. Lieberman criticó a Irán por su posible participación en ambos atentados, aunque hasta ahora no haya nada judicialmente demostrado.Pero más allá del origen externo de los atentados, lo preocupante para los argentinos es la "conexión interna" que tuvieron ambos, sin la cual jamás podrían haberse realizado. Esa es la deuda que queda pendiente y, mientras no sea aclarada, la Argentina continuará siendo un país sospechado.