Erradicar la violencia del fútbol
Por intereses económicos y políticos, lo que debiera ser una fiesta popular se vuelve tragedia en las canchas argentinas. Ya es hora de que el Estado afronte el problema con eficacia.
La creciente ola de violencia que se registra dentro y fuera de los estadios de fútbol en la Argentina pone de manifiesto, una vez más, la nefasta organización de esos espectáculos y la incapacidad de las autoridades para frenar el clima de locura que sacude al deporte más popular y concurrido del país.
El último capítulo de este descontrol tuvo como víctima fatal a un hincha de Lanús, que el fin de semana pasado fue virtualmente fusilado por un policía. El efectivo le disparó desde corta distancia una bala de goma que le perforó el pecho. Javier Jerez, de 42 años, pasó de esa forma a engrosar una lista de muertos en estadios de fútbol a raíz de riñas entre barras o por choques con las fuerzas de seguridad.
Son conocidas otras situaciones de violencia generadas en similares circunstancias en canchas de todo el país. Frente a la pérdida irreparable de otro aficionado, lo que urge ahora es refrescar el tema de las responsabilidades ausentes, tanto desde la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), cuanto de las autoridades políticas.
La desprestigiada conducción de AFA y los organismos de seguridad deportiva se limitan a poner parches ante situaciones de extrema gravedad; en esta línea se inscribe la decisión de prohibir el ingreso de los hinchas visitantes a los partidos que se disputarán por las últimas dos fechas del Torneo Final de Primera División. Una fórmula de dudosa efectividad, a la luz de que las grescas muchas veces son provocadas por mafias poderosas enquistadas en una misma barra.
A los desvaríos de la AFA y de la dirigencia en general, se suma la irrupción del Gobierno nacional en una puja política que ha cruzado la línea de la prudencia. Además de gastar cuantiosas sumas de dineros públicos en la televisación de los partidos bajo el formato publicitario de Fútbol para Todos , la gestión de Cristina Fernández ha llegado al límite de influir en la programación para restarle audiencia (lo que no ha logrado, pese a todo) al ciclo Periodismo para Todos , de Jorge Lanata. Una sucesión de intereses políticos funestos que en nada colaboran en la lucha para que el fútbol deje de sumar víctimas.
Si se hubiera destinado a prevenir la violencia sólo el 10 por ciento de lo que se destinó a televisar los partidos, posiblemente hoy los estadios argentinos estarían libres de este flagelo y se hubiera hecho un aporte mucho más significativo y duradero al deporte y a quienes quieren disfrutar de él. Pero, claro, eso hubiese significado ir en contra de la espuria vinculación entre fútbol, dirigencia y política.
En un clima de efervescencia social que excede a los campos de fútbol, las autoridades tienen el deber de garantizar la seguridad en los espectáculos públicos y encarar un combate frontal contra los revoltosos que muchas veces actúan en connivencia con los directivos de los clubes.
La imperiosa necesidad de erradicar la violencia de los estadios no debe quedar relegada por intereses políticos y de poder. Habrá que ajustar los controles y las medidas de prevención como forma de disciplinar una actividad que ha pasado a ser noticia en las crónicas de hechos policiales.

